Opinión

Una vista a los megaproyectos de la 4T: la refinería Dos Bocas

RODOLFO GARZA GUTIÉRREZ
REDACCIÓN


Uno de los megaproyectos de la 4T con mayor trascendencia técnica, económica, ambiental y política es sin duda la construcción de la refinería de Dos Bocas, en el municipio de Paraíso, Tabasco, en donde existe una terminal marítima a la que llega toda la producción petrolera de la región y que se utiliza para exportar crudo al extranjero. Dos Bocas será la séptima refinería del País y tendrá un costo total aproximado de 150 mil millones de pesos con un tiempo de construcción de tres años.

Desde su origen, esta obra ha desatado una gran polémica sobre su viabilidad. Los argumentos son muchos, entre ellos el impacto ambiental, la transición energética, la sobrecapacidad de refinación en el planeta y el futuro incierto de las gasolinas debido a los autos eléctricos, entre otros.

Una refinería de petróleo es una planta industrial química que produce derivados como gasolina, diésel, turbosina y lubricantes para la industria del transporte, además de combustóleo para la industria eléctrica y otros. Pemex lleva más de 40 años sin construir una refinería –la última fue en Salina Cruz, inaugurada en 1979–, por lo que actualmente le compramos a Estados Unidos 500 mil barriles diarios de gasolina, siendo la cifra más alta desde 1993. Es por eso que se requiere reducir la dependencia energética relacionada con la importación de gasolinas automotrices, generando un valor agregado por la transformación de los recursos naturales propios del País y construirla con recursos financieros del Gobierno Federal.

La producción diaria de petróleo en México a finales de 2020 fue de un millón 895 mil barriles, de los cuales alrededor de 653 mil se entregaron a las seis refinerías distribuidas en distintos puntos del territorio nacional y el resto, un millón 243 mil barriles de petróleo crudo, se exporta principalmente a Estados Unidos. Actualmente se importan 600 mil barriles diarios de gasolina y diésel. Aquí la frase que tanto ha mencionado López Obrador: “Vendemos naranjas y compramos jugo de naranja”, por lo que el más elemental razonamiento nos hace ver que estamos cometiendo un error muy grande y perdemos en la transacción.

Como podemos ver en la anterior analogía de naranjas y jugo, la política energética de la actual administración está enfocada en devolverle a Pemex su fortaleza económica, a recuperar los mercados nacionales y darle a México la autosuficiencia en gasolinas para el año 2023, buscando restituir la capacidad operativa de las seis refinerías y construir una nueva, y en conjunto se espera que procesen del orden de un millón 500 mil barriles de petróleo crudo por día. De los 340 mil que se procesarán en Dos Bocas se obtendrán 170 mil barriles de gasolina y 120 mil de diésel. La meta es producir un total –en todas las refinerías de Pemex–de 500 mil barriles diarios de gasolina en 2023 y 125 mil barriles diarios de diésel, lo que representa un incremento de 76 por ciento en la producción de gasolinas y 85 por ciento en la producción de diésel únicamente con la entrada en operación de la refinería de Dos Bocas, de esta manera dejaremos la dependencia energética.

Durante la construcción de la refinería de Dos Bocas se crearán unos 23 mil empleos directos y unos 110 mil indirectos. Ya en operación, se tendrá una plantilla de mil 300 empleados y se estiman 6 mil empleos indirectos.

Hay personas –como Ricardo Anaya– que señalan que las refinerías son industrias del pasado y ya no son negocio porque el futuro es sólo de los autos eléctricos. Pero la tendencia en el mundo es que la refinación continuará creciendo durante los próximos 20 años, existiendo actualmente más de 680 refinerías, de las cuales 141 están en Estados Unidos, 149 en China y 51 en Rusia, mientras que México cuenta con sólo seis refinerías. Más aún, China, India, Canadá y Estados Unidos tienen en desarrollo nuevas inversiones en proyectos de refinación que entrarán en operación en los próximos cinco años.

En el contexto internacional de la industria de la refinación, una de las lecciones que se desprende por el crecimiento económico, presente y futuro, esperado para la región Asia-Pacífico y Medio Oriente –para 2040– es que se proyecta construir una industria petroquímica con un gran valor agregado, aun sin tener la autosuficiencia en materia petrolera como ocurre con China y la India, que siendo este último el tercer país mayor importador de crudo del mundo planea duplicar su capacidad de refinación para el 2030 de 5 millones de barriles por día (mbpd) a 10 mbpd.

La tendencia indica que la industria de la refinación y los vehículos eléctricos van a convivir a lo largo del presente siglo, en la medida que el petróleo está más fuerte que nunca rebasando los 100 MMb/d en el 2019, con otro tanto igual de capacidad de refinación. Esto, aunque diga Ricardo Anaya que “la gasolina va de salida”.

La construcción de la refinería de Dos Bocas convertirá a México en un país autosuficiente en gasolinas y llegará a buen puerto en tiempo y forma, siendo una importante contribución al rescate del Sureste mexicano, junto con el Tren Transístmico y el Tren Maya, demostrando que los mexicanos tienen la capacidad técnica para desarrollar ese tipo de proyectos industriales.

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