Opinión

Patas de narco, cola de narco, pico de narco…¿Narcoestado?

No. Definitivamente no debemos cerrar los ojos ni hacer como que nadie dijo nada, o que no está pasando nada. Algo huele a podrido en Dinamarca. Allí están los hechos. Las pruebas. Los testimonios. Las amenazas. Los criminales. Las víctimas. El peor escenario que podríamos haber previsto en el actual sexenio: caer en la presunta complicidad entre el Gobierno y el crimen organizado, con su brazo más poderoso: el narcotráfico, controlando drogas, dinero, armas, plazas, secuestros, extorsiones y ahora – todo así lo apunta- elecciones en algunos territorios del país.

Le llaman Narcoestado.

Y no es opinión ni percepción. Son realidades. Vamos a los hechos, a las acusaciones, a lo que hoy vivimos con angustia:

Zudikey Rodríguez, candidata de la alianza PAN-PRI-PRD a la alcaldía de Valle de Bravo, en el Estado de México, confirmó su secuestro los días previos a las elecciones del 6 de junio.

Riva Palacio señala que Olascoaga lidera una fracción sobreviviente de La Familia Michoacana y que actualmente tiene una alianza con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). También refiere que esta sería la primera vez que realiza una amenaza para favorecer a un candidato en específico, en este caso a Michelle Núñez, de Morena.

“No es nuestra función detener a los capos”, aseguró Andrés Manuel López Obrador al arranque de su sexenio. Ese fue el inicio de la claudicación del gobierno ante su obligación constitucional de garantizar la seguridad de todos los mexicanos. (A mayor detalle, ver mi columna “Los narcos están de fiesta”, publicada en SinEmbargoMX  el 28 de agosto de 2019).

El 29 de marzo de 2020, el presidente de México tuvo una deferencia tan inusual como alarmante: saludó de mano, afable, a la madre del narcotraficante más poderoso en México: Joaquín Guzmán Loera, El Chapo. “No te bajes, yo voy”, le dijo López Obrador a María Consuelo Loera. Y le cumplió: fue hacia ella.

El 17 de octubre de 2019, comandos del Cartel de Sinaloa tomaron por asalto la ciudad de Culiacán a bordo de camionetas y convoyes con armas de alto poder. El Ejército arrestó a Ovidio Guzmán, hijo del “Chapo” Guzmán. Pocas horas más tarde, fue liberado. Ocho meses después, el 19 de junio de 2020, López Obrador aseguró durante su conferencia mañanera: “Yo ordené que se detuviera ese operativo y que se dejara en libertad a este presunto delincuente”.

El 7 de junio de 2021, tan sólo horas después de celebrarse las elecciones intermedias en México, el Presidente volvió a rendirle homenaje al narco: “La gente se portó muy bien…los que pertenecen a la delincuencia organizada, en general bien…”. Una cifra escalofriante: casi 100 candidatos a algún puesto de elección popular -sobre todo a presidentes (as) municipales-, fueron asesinados durante las semanas previas a la elección.

“Hay que decirlo: la delincuencia organizada se metió en este proceso electoral (6 de junio de 2021) para apoyar a los candidatos de Morena. No en un estado, de forma aislada. En muchos estados, y pongo el caso que más conozco: Michoacán. Allí son doce distritos federales electorales.

La coalición PAN-PRI-PRD gana ocho distritos, y resulta que en cuatro nos dan la vuelta. ¿Cuáles son estos cuatro? Apatzingán, Múgica, Lázaro Cárdenas y Huetamo, la tierra caliente, con casillas donde votó el 75 por ciento y en las que hay muchísimas manifestaciones de que fueron amedrentados la sociedad, los funcionarios y representantes de casilla. El problema, es que la gente no puede denunciar porque su vida está de por medio”, denunció el presidente nacional del PAN, Marko Cortés.

-¿El narco votó por Morena?-, le pregunta el periodista Carlos Loret de Mola. El líder panista contesta, sin titubear:

“Sin lugar a dudas. El narco operó por Morena”.

-Operó para Morena. Trabajó para que Morena ganara en las urnas. Es el gran y el mayor peligro para el país-, tercia el presidente del PRD, Jesús Zambrano.

-Es una acusación brutal. ¿Cómo la pueden probar?-, punza Loret de Mola.

– Allí están las denuncias hechas el mismo día de la elección en Michoacán, en Sinaloa, por mencionar sólo dos casos. Y el de San Luis Potosí, cómo se metieron con las policías municipales, hubo secuestros-, machaca Zambrano.

“Antes de los programas federales que implementaron para las elecciones, levantaron a más de mil (representantes de casilla)”, interviene, ahora, el líder del PRI, Alejandro Moreno.

“Nada más en Los Mochis se robaron cien casillas el día de la elección con metralleta en mano, y luego las regresaron embarazadas con 80/20 a favor de Rocha Moya (candidato de Morena a la gubernatura)”, suelta Zambrano.

“Y está el caso de Valle de Bravo. ¿Dónde estuvo la autoridad? O la autoridad federal pactó o permitió. No hay de otra. Y hay otro caso más: en la etapa poselectoral, en los lugares donde se perdió por poco margen, fueron a amenazar a los candidatos: ´Hay de ti que te atrevas a impugnar porque sé dónde vives tú, tu papá, tu mamá, tu familia´. ¿Y el Estado mexicano dónde está?, cuestiona Cortés.

“Es una narcodemocracia por la que estamos transitando. Un Narcoestado”, advierte Jesús Zambrano.

“A eso llevaron los abrazos y no balazos en este país”, remarca Cortés, y agrega:

“Lo acaba de decir el ex embajador de Estados Unidos en México (Christopher Landau), una persona seria, constitucionalista respetado: el cuarenta por ciento del territorio mexicano, está controlado por la delincuencia. Él lo dijo…

“Creo que el gobierno de México claudicó, y todos lo vimos: liberaron a un delincuente (Ovidio Guzmán), fueron a darle la mano a la abuelita de este delincuente, y todos sabemos la estrategia: abrazos, no balazos. Pero eso sí, a los opositores, los persiguen con toda la fuerza de la ley. Ese es un paso a la dictadura”. (Entrevista colectiva del periodista Carlos Loret de Mola con los dirigentes del PAN, PRI y PRD. Latinus. Emisión 48).

“Morena hizo algo que debemos resaltar: pactó con el crimen organizado”, define la alcaldesa electa en Cuauhtémoc (CDMX), Sandra Cuevas.

-¿Es un narcopartido?-, le plantea Loret de Mola.

– Sí, lo puedo decir, sí, y de la ciudad de México, por supuesto. Por eso los niveles de inseguridad crecieron en todas las alcaldías. Hablando específicamente de Cuauhtémoc, el setenta por ciento de la gente se siente insegura.

“El presidente López Obrador debe estar muy preocupado porque el partido que él fundó está al servicio del crimen organizado. México se encamina a ser un Narcoestado…Morena es un narcopartido, la elección de Michoacán debe anularse. Si se confirma el triunfo de Alfredo Ramírez Bedolla representará el regreso del crimen organizado al Palacio de Gobierno”, acusó, de manera grave, el gobernador Silvano Aureoles durante el noticiero radiofónico del periodista Ciro Gómez Leyva.

La imagen perturba, aunque es retrato fiel del México actual: de gira en Marquelia, Guerrero, López Obrador pasa en su camioneta blindada justo frente a un hombre armado, embozado, sin inmutarse ni reclamarle ni ponerle atención. El Presidente solapa a la criminalidad que le estalla en las narices.

Allí están los hechos. Las denuncias. Las acusaciones.

Y no los ven quienes no los quieren ver.

No lo debemos callar.

Le llaman Narcoestado. Martín Moreno-Durán/Sinembargo

 TW @_martinmoreno

FB / Martín Moreno

           

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