Opinión

No bajará la gasolina… al menos no pronto

Jonathan Ruiz Torre
Parteaguas

Hubo una oportunidad de que el precio bajara, pero eso no pasará esta semana. Por el contrario, la gasolina podría subir a partir de ayer.

En México los precios de ese combustible ahora suben y bajan como en otros países conforme se mueve el precio internacional del petróleo. Eso no ocurría antes de la reforma energética de 2013. Pero eso también hace relevante lo que acontece en una organización que antes solo fue motivo de atención para la Secretaría de Hacienda o para Pemex: la OPEP, que tuvo encuentros esta semana.

Esas reuniones deciden indirectamente cuánto pagarán ustedes en la bomba.

Hasta ayer, la Magna tuvo un precio de entre 18.63 y 21.99 pesos en la Alcaldía Benito Juárez, de la Ciudad de México, de acuerdo con datos oficiales de la CRE. En Houston, la gasolina regular cuesta esta semana el equivalente 10.10 pesos, en promedio, de acuerdo con la Agencia de Información Energética de ese país, la EIA.

Acá, los impuestos que cobra el gobierno están a tope y eso también encarece la gasolina, pero de eso hablaremos luego.

Lo de ayer fue la sorpresa que brindó a los petroleros del mundo y por consecuencia a los de Pemex, el generoso príncipe Abdulaziz bin Salman, ministro de energía de Arabia Saudita.

Vía conferencia virtual, él y sus pares internacionales enfrentaron la posición rusa de Vladimir Putin y su emisario Alexander Novak.

Éste último defendió el interés de volver a aumentar la producción de crudo de su país, misma que fue reducida por todos los productores relevantes desde la primavera, a petición de los árabes, en afán de detener la caída en los precios internacionales.

Ya con eso, Novak podía irse de fiesta en caso de conseguirlo. Los árabes se habían opuesto inicialmente porque aumentar el volumen de petróleo en el mercado podría derribar el precio nuevamente, más en caso de rebrotes del COVID-19 como ocurre en Inglaterra o de imparable ascenso de la enfermedad, como en la Ciudad de México.

Pero ayer el ruso no solo obtuvo el beneficio del permiso que buscaba, sino que salió con premio adicional.

Incomprensiblemente, Abdulaziz bin Salman prometió que Arabia Saudita incluso reducirá más su propia producción a partir de febrero en un volumen de un millón de barriles diarios.

No está clara la razón aún, pero pueden hacerlo porque aquí hablamos de titanes.

Solo Estados Unidos que opera por su cuenta, y Arabia y Rusia –que sí negocian en el marco de la OPEP– son países con capacidad de entregar cada uno más de 10 millones de barriles diarios en un mercado mundial de 100 millones.

Los encargados de la producción mexicana, como referencia, pelean para no caer de 1.6 millones de barriles diarios. La decisión de Arabia equivale a sacar del mercado toda la producción de Venezuela.

¿Qué ocurrió a partir de la decisión árabe de reducir más la disponibilidad de su petróleo? El precio de esta materia prima aumentó su precio casi 5 por ciento el martes y eso dio oxígeno a las grandes petroleras que parecían extraviadas en los mercados de valores en los que hasta las inmobiliarias ya lucían más atractivas.

El valor de Exxon aumentó 4.8 por ciento ayer; el de BP, 7 por ciento y el de Shell 7.2 por ciento.

El razonamiento es sencillo, este martes los inversionistas mostraron confianza en que los ingresos de las petroleras crecerán a partir de lo ocurrido esta semana… y lo que es bueno para las petroleras puede actuar en contra de quienes pagan gasolina.

El gobierno de México, que administra a Pemex; los empresarios que importan combustible, y todos los involucrados en el negocio, tienen un argumento para no bajar el precio de la gasolina e incluso, aumentarlo. Ese interés, claro, puede topar con la realidad.

El confinamiento de la gente en distintas ciudades del mundo que ahora temen a una segunda cepa del coronavirus que provocó la pandemia, puede provocar que la gente guarde de nuevo sus coches.

Pemex vendió en noviembre de 2020, 19 por ciento menos gasolina que en el mismo mes de 2019. A su directiva y al gobierno de México, que necesita cobrar impuestos, les resulta indispensable que esos números de producción dejen de caer, o al menos, que no baje el precio de lo que vende la petrolera estatal.

Director General de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero

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