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México está al borde de una crisis fiscal

Dainzú Patiño
ORO NEGRO


La brecha entre los gastos y los ingresos del sector público se hace cada vez más amplia ante la crisis económica más fuerte que ha vivido México en los últimos 100 años.

Analistas consultados por Expansión y cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) muestran cómo el ritmo de los ingresos petroleros y vía impuestos se aminora, mientras que los gastos en pensiones, la deuda, los programas sociales y las transferencias para los estados crecen inercialmente.

Existen riesgos de una crisis fiscal en 2021 debido a los menores recursos provenientes de fideicomisos extintos y los fondos de emergencia financiera que el sector público ha utilizado para sanar las finanzas; así como la poca o nula transferencia de recursos por los remanentes de operación del banco central, una una economía que tardará en recuperarse y la falta de una reforma fiscal.

“El país mantiene una posición fiscal sujeta a riesgos por el hecho de que ha sido incapaz de fortalecer la recaudación, al mismo tiempo que se tiene toda una agenda de gasto social bastante pesada”, opinó Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Analytics.

En 2019, la recaudación de impuestos perdió dinamismo. En 2020 – el año de la pandemia – apenas creció 0.1%. Pero el panorama de los ingresos petroleros fue peor con una caída a noviembre de 42.5% frente a mismo periodo de 2019. Los ingresos del sector público cayeron más que su presupuesto.

En los últimos dos años, para continuar financiando los programas sociales, cumplir los gastos obligatorios como intereses por la deuda o pensiones, la administración federal ha recurrido a fuentes no permanentes de ingresos como la cancelación de fideicomisos, el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP) y financiamientos.

Además se confiaba en que, por la depreciación del peso mexicano frente al dólar estadounidense en 2020, se recibirían transferencias de Banco de México por sus remanentes de operación, pero por su apreciación observada a fin de 2020 se espera que estos recursos no lleguen en abril de 2021.

El problema es que estos ingresos, como su nombre lo indica; no son recurrentes, mientras el gasto público crece.

“Crece por naturaleza de manera inercial, es decir, una vez que marca una tendencia creciente, es difícil contenerlo a menos que se dé un frenón de golpe”, explicó Coutiño.

Estos gastos inerciales se ven especialmente en conceptos como programas sociales, en onerosas pensiones e intereses de la deuda, gastos que, desde la perspectiva de Alejandra Macías, jefa de investigación del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), absorben recursos que pueden ser más redituables y para atender otras necesidades de la población como salud o educación.

“Estos gastos no parecen disminuir, van aumentando año con año, si no tenemos otra fuente de ingresos, si no gastamos mejor los recursos que tenemos esto parece súper inviable, nada sostenible para las siguientes generaciones”, dijo Macías.

Desilusión
Mientras los gastos obligatorios crecen, los “salvavidas o colchones” con los que México ha amortiguado la caída de los ingresos tributarios y petroleros se desinflan.

“Estamos al borde de una crisis fiscal, la diferencia con 2020, es que ya no tenemos FEIP, este existe desde 2002, en 2009 hizo la diferencia. A finales de enero, Hacienda informa cuánto usaron de este Fondo el año pasado, la estimación de todos es que ya se acabó, se tuvo que usar para cerrar las cuentas”, comentó Mariana Campos, coordinadora del Programa de Gasto Público y Rendición de Cuentas de México Evalúa.

En el FEIP, de acuerdo a nuestros cálculos queda 0.2% del PIB, a inicios de 2020 eran 7 puntos del PIB, “ya casi se agotó”, informa Ariane Ortiz-Bollin, VP-Senior Analyst de la agencia calificadora Moody’s Investors Service.

Otro “colchón” que se desinfla, es el de la llegada del remanente del Banco de México (Banxico).

“Dado que el peso cerró en 2020 en cerca de 20 pesos, y no tan distinto a como cerró 2019, es muy posible que este remanente no se materialice y que el gobierno no vaya a poder contar con este excedente”, explicó Ortiz-Bollin.

Por la depreciación del peso frente al dólar el año pasado, el gobierno de López Obrador estimaba recibir remanentes de operación del Banco de México por hasta 20,000 millones de dólares. Incluso el jefe del Ejecutivo planteó la posibilidad de recibir un adelanto de este remanente al gobernador de Banxico, Alejandro Díaz de León, pero esta fue negada en abril de 2020.

“No va a llegar el remanente que se esperaba, no va haber FEIP, y la situación económica se recrudece. Se volvió a semáforo rojo, económicamente va estar durísima la situación y eso también va a ser una diferencia en los ingresos del gobierno”, comentó Campos.

En tanto, Moody’s Investors Service refirió en un análisis la semana pasada que el presupuesto de México se basa en un pronóstico del PIB optimista de 4.6% en 2021 (estimado por Hacienda), mientras que su proyección es de 3.5%.

Esta perspectiva optimista sobrestima la llegada de los ingresos del gobierno, además de que el presupuesto también subestima el apoyo financiero que requerirá Pemex, para lo que se tendrán que hacer reasignación de recursos del sector público. Pero esto puede no ser suficiente para evitar un aumento de la deuda como porcentaje del PIB, advirtió la calificadora. Expansión

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