De Impacto

México, el país más peligroso para los periodistas

ROSARIO GÓMEZ
ORO NEGRO

México continúa bajo una espiral de violencia que tiene a prensa bajo el foco. En 2020 al menos ocho periodistas han sido asesinados en un país que se ha convertido en el más letal del mundo para el ejercicio de la profesión, según el informe de Reporteros sin Fronteras (RSF) presentado este martes, que recoge la muerte violenta de 50 periodistas este año (frente a 53 en 2019) en todo el planeta. Una gran mayoría (el 68%) trabajaba en países teóricamente en paz. La organización que vela por la libertad de prensa observa una disminución de los crímenes en zonas de guerra, en parte porque los reporteros han dejado de ser testigos de los conflictos bélicos, y en parte también porque las coberturas informativas se han reducido debido al impacto de la epidemia de la covid-19.

Rasgos diferenciadores de este año son la violencia ejercida sobre los informadores de medios locales y el cruel ensañamiento del que han sido víctimas los periodistas. Julio Valdivia, reportero de diario El Mundo de Córdoba fue hallado decapitado en Veracruz y su colega Víctor Fernández, del medio digital Punto x Punto Noticias, fue desmembrado en Acapulco. La reportera María Elena Ferral recibió ocho disparos de cuando salía de de la oficina de un notario. Era corresponsal de varios periódicos locales y fundadora del portal de noticias Quinto Poder de Veracruz. Investigaba los secuestros y las desapariciones forzadas, a menudo imputadas a la policía. En 2016 denunció varias veces ante la Comisión Estatal para la Atención y Protección de Periodistas de Veracruz (CEAPP) que había recibido intimidaciones y amenazas de políticos de la región.

El último crimen contra la prensa mexicana se produjo hace tres semanas en Zacatecas, donde fue asesinado Jaime Daniel Castaño, director del portal de noticias en línea PrensaLibreMx, cuando se dirigía a cubrir un evento para el Ayuntamiento de la ciudad. Murió por tomar fotografías de dos hombres que acababan de ser asesinados y negarse a destruir las instantáneas. Para el director de la oficina de RSF en América Latina, Emmanuel Colombié, la violencia que sufre la prensa mexicana “es espantosa”.

Esta entidad ha hecho un llamamiento a las autoridades locales y federales para que tomen conciencia de “la situación de extrema vulnerabilidad en la que se encuentran los periodistas y para que hagan lo necesario por garantizar su seguridad en la región y en el país”. A su vez, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) lamenta la falta de apoyo hacia los periodistas por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Se comprometió a tomar medidas concretas para poner fin a la violencia contra la prensa y a la inmunidad por el asesinato de periodistas. No obstante, este ciclo continúa inalterable”, denuncia la organización, consciente de que en la gran mayoría de los casos de asesinato, “no se ha condenado a ningún acusado y los autores intelectuales permanecen libres”.

En esta línea ha incidido este martes el presidente de RSF-España, Alfonso Armada, que ha criticado la pasividad del presidente mexicano. “No hemos visto ningún avance en sus promesas de un cambio de rumbo respecto a la protección del periodismo y la persecución de los crímenes a periodistas. Al contrario, la impunidad sigue siendo la ley”.

Además de México, los países en lo que se han registrado más asesinatos son la India, Pakistán (cuatro en cada caso), Filipinas y Honduras (tres en cada Estado). De todos los periodistas asesinados en 2020, el 84% fueron señalados y eliminados de forma deliberada, frente al 63% de 2019. La proporción desciende al 32% en zonas devastadas por la guerra (Siria, Yemen) o salpicadas de conflictos enquistados (Afganistán, Irak).

Las coberturas más peligrosas siguen siendo las investigaciones sobre casos de corrupción local, malversación de fondos públicos, la mafia, el crimen organizado la cobertura de protestas sociales y políticas. En Colombia, un reportero de un medio comunitario fue asesinado a tiros mientras informaba de una manifestación de comunidades indígenas que protestaban contra la privatización de tierras en su región.

En la India, que presume de ser la mayor democracia del mundo, se han registrado crímenes atroces. El periodista Rakesh Singh, del diario Rashtriya Swaroop, fue quemado vivo después de ser rociado con gel hidroalcohólico altamente inflamable, mientras que el periodista Isravel Moses, corresponsal de un canal de televisión, fue asesinado a machetazos. En Irán, según RSF, el verdugo es el Estado. Ruhollah Zam, administrador del canal Amadnews de Telegram y condenado a muerte tras un juicio injusto, fue ejecutado en la horca hace dos semanas. Considerado el Khashoggi iraní, estaba refugiado en Francia y fue capturado tras una meticulosa operación de engaño.

“La violencia del mundo sigue azotando a los periodistas”, sostiene el secretario general de RSF, Christophe Deloire. “Una parte del público considera que los periodistas son víctimas de los riesgos de su oficio, pero cada vez sufren más ataques cuando investigan o informan sobre temas delicados. Lo que se ha debilitado es el derecho a la información, que es un derecho de todos los seres humanos”.

La organización contabiliza 387 periodistas encarcelados en el mundo, de los que más de la mitad se concentran en cinco países: China, Egipto, Arabia Saudí, Vietnam y Siria. RSF destaca el aumento de periodistas presas. A finales de este año se encontraban privadas de libertad 42 informadoras. Y constata que la represión hacia la prensa se ha intensificado entre los meses de marzo y mayo, coincidiendo con el avance de la pandemia del coronavirus. El País

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button