La Última de Petróleo

Los millones perdidos en el sindicato petrolero


El sindicato petrolero recibió 1,189.6 millones de pesos entre 2016 y 2018. Hoy, cuando Carlos Romero Deschamps se ha ido del sindicato y de Pemex, 55.3 % de ese dinero está perdido


Lidia Arista y Linaloe R. Flores.- Encarnación de la opulencia inexplicable y símbolo del poderío político, el exdirigente petrolero Carlos Antonio Romero Deschamps se fue de la escena pública sin comprobar 659 millones de pesos del dinero que, entre 2016 y 2018, le dio Petróleos Mexicanos (Pemex) a través del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM).

La cifra es 2.1 veces mayor que los 309 millones de pesos que, repartidos en dos cuentas bancarias, investiga la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda, como rastro de recursos de presunta procedencia ilícita en las arcas del exdirigente, según informó el presidente, Andrés Manuel López Obrador, la mañana del 1º de abril.

En la crisis sanitaria por la pandemia de covid-19, el dinero público que falta en el sindicato petrolero habría alcanzado para comprar 1.6 millones de vacunas Pfizer, que tienen un precio en el mercado de 17 euros (unos 406 pesos), o para adquirir 2,066 ventiladores de la marca Hamilton, como los que compró el gobierno mexicano el año pasado, en 16,000 dólares (318,912 pesos) por cada unidad.

Por ahora, el destino de esos recursos, como el paradero del hombre que dirigió durante 26 años, tres meses y 23 días el sindicato, es desconocido. El 16 de octubre de 2019, Romero Deschamps dimitió de la dirigencia nacional de la organización gremial y el 16 de marzo pasado, renunció como trabajador de Pemex, por “exhorto” del presidente.

Así, se esfumó de la vida pública nacional, mientras las cuentas en el sindicato se inclinaban hacia un faltante millonario y rubros sin cuadrar. Lo anterior, de acuerdo con datos extraídos por Expansión del portal de transparencia del sindicato petrolero en donde se encuentran parte de las finanzas de la cúpula del gremio del oro negro, que es la única fuente pública de los recursos, que alguna vez cayeron de manera directa en las cuentas del exdirigente que, de chofer, pasó a vivir entre lujos y excesos.

LA LLAVE DEL DINERO
A través de las cláusulas 251 y 251 bis del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) que el sindicato firmó de 2016 a 2018 con Pemex, le fueron entregados a Romero Deschamps, como dirigente de los petroleros, 1,189.6 mdp para viajes terrestres y aéreos, eventos, obras de construcción, teléfonos y una “caja chica” que, mes con mes, se incrementó a un ritmo desbocado. La mayor parte del dinero de la caja contenida en la claúsula 251 bis se le entregó en secreto.

Con Emilio Lozoya Austin en la dirección de Pemex, el exdirigente logró que el texto de esa cláusula fuera borrado de la versión pública del CCT y acordado en privado, como consta en el cúmulo de contratos en el archivo de la petrolera revisado por Expansión. Así, 944,042.7 mdp, es decir, el 79% del total entregado, fueron depositados bajo discreción.

El 12 de febrero de 2020, Lozoya Austin fue detenido en Málaga, España, acusado de lavado de dinero, cohecho y fraude, delitos que se originaron en la compra irregular de la planta de AgroNitrogenados y supuestos sobornos de la constructora brasileña Odebrecht, a cambio de contratos. En julio del mismo año, fue extraditado a México y desde entonces está bajo prisión domiciliaria. Romero Deschamps, a sus 77 años, encara su futuro bajo la sombra de una investigación desde el gobierno, pero en libertad.

En 2013 y con la euforia del impulso del gobierno del entonces presidente Enrique Peña Nieto a una nueva reforma al sector energético que abriría el subsuelo mexicano al capital privado, Lozoya y Romero Deschamps se reunieron para negociar, por primera vez, las condiciones laborales de los petroleros.

Pemex le había dado dinero al sindicato a través de esa cláusula en tres fechas simbólicas: el 1º de mayo –Día del Trabajo–, el 18 de marzo –día de la expropiación petrolera– y cuando se revisaba el CCT, pero frente a lo que se creía iba a ser el futuro, el patrón y el líder sindical pactaron más dinero y, con ello, nuevos acuerdos.

Uno fue que el dinero recibido a través de la cláusula 251 bis debía aumentar 138% anual. Otro fue el ocultamiento del texto de la cláusula. Para ello, añadieron la 258, que estipuló que el contenido –considerada como “caja chica”– solo estaría en un anexo bajo confidencialidad. Así, durante el sexenio de Peña Nieto, el texto de la 251 bis no aparece en los CCT correspondientes a los bienios 2013-2015, 2015-2017 y 2017-2019. A la vez, durante décadas, el STPRM recibió millones de pesos para los gastos personales de los integrantes del Comité Ejecutivo General a través de la 251, que también era negociada cada bienio. La letra de esa cláusula decía:

“El patrón pagará los salarios y prestaciones, viáticos, ayuda para transporte y gastos conexos foráneos a 73 funcionarios del Comité Ejecutivo General que incluye asesores sindicales y consejo general de vigilancia, 90 integrantes de las comisiones nacionales mixtas señaladas en este contrato, 158 comisionados nacionales y 12 comisionados adscritos directamente a las órdenes del Secretario General del STPRM…”.

Solo por esa cláusula, en el último bienio de Peña Nieto, Romero Deschamps recibió 245.6 millones pesos. En la comprobación de gastos, los números no cuadran. Hay un gasto de 279.5 mdp; es decir, la cúpula dorada erogó de más 33.4 mdp, según la revisión que hizo Expansión.

El último contrato colectivo que negoció Romero Deschamps fue el de 2019-2021, con Octavio Romero Oropeza en la dirección de Pemex. El 31 de julio de 2019, las históricas cláusulas fueron canceladas. Meses después, el hombre que durante tres décadas fue el primer petrolero de México renunció a la dirigencia.

LA RESISTENCIA A TRANSPARENTAR
En 2015, ensombrecido por los escándalos de corrupción, el presidente Enrique Peña Nieto promulgó la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública. El nuevo marco normativo agregó a los sindicatos y partidos políticos como sujetos obligados a rendir y transparentar cuentas a una lista en la que, hasta ese momento, solo estaban las entidades gubernamentales. A los sindicatos les ordenó montar un portal, pero el de los petroleros se negó.

Después de un juicio de cuatro años con el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), el STPRM montó el sitio que apenas refleja dos años de esos 27 que el hombre cuyas cuentas persigue la UIF estuvo al frente de los petroleros.

“Lo hizo a regañadientes”, recuerda Eduardo Bohórquez, director de Transparencia Mexicana, quien expone la posibilidad de que el dinero desaparecido con la partida de Romero Deschamps de la vida pública sea mayor.

“[En la historia de la rendición de cuentas] había un vacío legal, por supuesto que había complicidad, pero había un vacío legal. Los sindicatos no son dependencias de gobierno, son entidades privadas. Entonces, bajo ese argumento, pudieron evitar que la primera ley de transparencia de 2002 se les aplicara”, relata.

Pero Bohórquez cuestiona: “¿Qué es lo que transparentan [ahora]? Solo un pedazo de todos sus ingresos. Lo único que transparentan es una parte de lo que reciben por la vía fiscal. Del monto que [presentan] todavía hay mucho más dinero que desconocemos, mucho más grande probablemente. Esto es lo que le transfiere el Estado mexicano al sindicato, pero no es la totalidad de los ingresos del sindicato”.

Para Alfonso Bouzas, investigador del sindicalismo mexicano de la UNAM, aunque el sindicato tenga un portal de transparencia, no hay secuencia que permita ver que hubo congruencia entre el dinero entregado por Pemex y el objetivo para el cual se entregó. “Se trata de dinero dado por parte de Petróleos muy liberalmente y recibido por parte del sindicato de una forma delictiva. Mientras no comprueben el uso y destino que se le dio, será irregular”, señala.

LA ‘OSCURA’ VIDA DE UN OBRERO MILLONARIO
Carlos Antonio Romero Deschamps nació el 17 de enero de 1944 en Tampico, Tamaulipas. Lo apodaban el ‘Güero Guacamaya’ porque una de sus características es que la cara se le pone roja cuando le pega el sol. En sus primeros años se ganó la vida como vendedor ambulante, cargador y chofer. Un día, cortó leña para la esposa de un superintendente de Pemex. Ahí surgió la invitación a trabajar en la refinería de Salamanca, Guanajuato, correspondiente a la sección 24 del sindicato, donde estaba el entonces dirigente Joaquín Hernández Galicia, alias ‘La Quina’ (fallecido en 2013). Su primo Víctor Deschamps se lo presentó y él se ofreció a ayudarlo en lo que fuera, incluso fue su chofer. Era 1969.

Veinte años después –el 10 de enero de 1989–, ‘La Quina’ fue detenido por homicidio calificado, acopio y almacenamiento de armas para uso exclusivo del ejército. En 1997, se le concedió el arraigo domiciliario y fue trasladado a un hotel de Cuernavaca. En 2000, quedó en libertad. De sus memorias, ‘La Quina’ arrancó un recuerdo de Romero Deschamps. En entrevista, le dijo a Proceso: “Siempre se mostró como el más servil de todos los secretarios generales, el que estaba más dispuesto a alabarme, a echarme porras, a apoyarme en todo, llegaba al grado de ser arrastrado, pero se enmascaró bien”.

Romero Deschamps fue elegido por primera vez el 25 de junio de 1993 como secretario general del STPRM. Entonces, dio uno de los únicos discursos en público que se le conocen, pese a que sería senador y diputado. Esa vez, rompió con sus antecesores, ‘La Quina’ y Sebastián Guzmán Cabrera (su sucesor y quien ocupó la dirigencia cuatro años). Dijo ante los trabajadores petroleros: “El sindicato ya no será un Estado dentro de un Estado ni se crearán divisiones artificiales para mantener el poder… No iré tras el personalismo que busca consolidar un prestigio que solo la posteridad puede dar”.

Casi tres décadas después, el nombre de Carlos Antonio Romero Deschamps integra una trama que empieza en el episodio conocido como ‘Pemexgate’, un desvío de 1,500 millones de pesos de Pemex a la campaña de Francisco Labastida Ochoa, candidato presidencial del PRI en 2000, y sigue con malversación de los fondos del sindicato, robo de gasolina, negociación de plazas y violación de los estatutos laborales. Además, hila cientos de juicios de amparo ante peticiones a través del INAI para no revelar lo que hacía con el dinero que caía en sus cuentas ni cuánto era.

Las instancias de justicia jamás lo alcanzaron. El fuero político lo protegió cuando fue diputado en los periodos 1979-1982, 1991-1994, 2000-2003 y senador, de 1994 a 2002 y de 2012 a 2018.

Mientras su lado opaco se marcaba, su personaje público era cada vez más visible. Aparecía en la Cámara de Diputados y restaurantes con relojes de las marcas Audemars Piguet o Rolex. Comía, de manera cotidiana, en restaurantes de lujo. Las redes sociales exhibían su yate, sus casas de Acapulco y Cancún, el Ferrari de su hijo José Carlos o el interior de un avión privado donde iba su hija Paulina al lado de sus mascotas.

UN SÍMBOLO INDELEBLE EN MÉXICO
Pagos a despachos de abogados especialistas en transparencia, servicios de televisión de paga, gasolina, viajes aéreos y terrestres; despensa; libros, periódicos y revistas, así como de insumos para fiestas integran la lista de egresos que el sindicato colgó en su portal para respaldar el gasto de las históricas cláusulas 251 y 251 bis. La lista arroja dos gastos constantes: el pago a los despachos Andrade Palacios y Asesoría Librax –fundados por el padre de Virgilio Andrade Martínez, quien fue secretario de la Función Pública en el gobierno de Enrique Peña Nieto– y la construcción de un megadeportivo en Cárdenas, Tabasco.

En los despachos, que asesoraron al sindicato en asuntos de transparencia, se han gastado de 2016 hasta ahora, 70.7 millones de pesos del dinero recibido entre 2016 y 2018, según la revisión de Expansión.

En cuanto al megadeportivo, Estrategia Estructural, la empresa que lo construye, ha recibido hasta ahora 137.5 millones de pesos. El complejo deportivo tendrá canchas, albercas y gimnasios, según un video que colocó en YouTube la sección 26 del STPRM, en febrero de 2020. Llevará, para la posteridad, el nombre de Carlos A. Romero Deschamps. Fuente: Expansión

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