Opinión

Los güevos del Toro y el baile de Mario

Advirtió Félix Salgado Macedonio ayer a los consejeros del INE que no le rascaran los güevos al Toro, refiriéndose por supuesto a él (que se dice Toro).

Inmediatamente después, dijo que “irían por los siete (consejeros)” para después preguntar a la cincuentena de seguidores que están en el plantón frente al INE si no les gustaría conocer la casa de Lorenzo Córdova, al que terminó llamando “cabroncito”. 

Un par de horas más tarde, mi compañera Azucena Uresti lo entrevistó para su programa de mediodía en Canal 6, donde reiteró que él solo preguntó si no les gustaría saber dónde vive Córdoba y ahí añadió el nombre de Ciro Murayama, otro de los consejeros, pero que ellos eran pacíficos.

Azucena le preguntó si no era una provocación que podría poner en peligro la integridad de los consejeros… Salgado dijo que todos tenemos derecho a saber dónde viven los funcionarios como sabemos dónde vive el presidente López Obrador. En serio, eso respondió.

Esta serie de barbaridades no se dan en el vacío. La andanada contra el INE lleva tiempo. Ayer mismo el presidente López Obrador en la mañanera dijo: “Dicen que traemos una campaña en contra de la autoridad electoral y que queremos someter a la autoridad electoral.

No, no somos iguales, nada más que ya basta de estar simulando que son demócratas cuando siempre han estado al servicio de la antidemocracia, siempre”. Y todo cuatroteísta sabe que es en las mañaneras donde se da línea, se dan permisos, se sancionan excesos.

Olga Sánchez Cordero, la secretaria de Gobernación lo entendió bien e hizo un llamado tan “enérgico” como deslavado: “hago un enérgico llamado a mantener las diferencias dentro de la legalidad y el respeto mutuo, tanto a las instituciones como a los servidores públicos”.

¿Mutuo? Política y poder siempre tienen momentos imposibles de anticipar Nadie, sin embargo, como el líder —es un decir— de Morena, Mario Delgado, quien estaba en el mismo templete que Salgado cuando lanzó la amenaza y que en la tarde publicó un comunicado en el que dice que “este es un movimiento pacífico y alegre donde vamos a cantar, vamos a bailar…”.

Ah, ok. La política y el poder tienen siempre momentos imposibles de anticipar, de prevenir.  A casi tres años del triunfo de un movimiento que arrasó y llenó de esperanza a millones de mexicanos, a un par de meses de la elección concurrente más grande de la historia, el símbolo de aquel movimiento es Félix Salgado Macedonio. Él es el intocable. Cosas veredes… diría el clásico.​Carlos Puig @puigcarlos https://www.milenio.com

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