De Impacto

La numeralia de muertos por COVID sin contexto, causa grandes confusiones

Nelly Toche
ORO NEGRO

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en México, reportó 108, 658 muertes por Covid-19 de enero a agosto de 2020, esto coloca a la enfermedad como la segunda causa de muerte en el país, luego de los padecimientos del corazón. La cifra correspondía a casi el doble de las 75,017 defunciones confirmadas por la Secretaría de Salud a través del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Sinave) para ese momento, con una diferencia de 33,641 muertes que corresponden a 44.8%, el hecho causó confusión y molestia entre la población.

“El problema es que este dato no es comparable”, dijo Carol Perelman, miembro de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica. Ella explica que el contexto es el punto clave. “Cuando se combinan ´peras con manzanas´ y no se aclaran las definiciones, hay confusión. Se tiene que explicar qué se está midiendo y cómo se está midiendo, supuestos y parámetros, todo para evitar caos entre la población”.

La también directora del Jardín Weizmann de Ciencias en México dijo a El Economista que el impacto de Covid-19 sí es importante medirlo además a través de una estadística sobre el exceso de mortalidad, misma que emplean muchos países cuando se presentan crisis más allá de lo que se espera en condiciones normales. En este caso la metodología empleada por Inegi es la sugerida por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), basada en canales endémicos y semanas epidemiológicas.

Este tipo de análisis también permitirá evaluar otras muertes que de manera directa o indirecta estuvieron relacionadas con la pandemia; “es un gran indicador que en perspectiva de futuro en algunos años nos va a decir cuál fue el verdadero impacto de la pandemia” y al corto plazo permite tomar decisiones de política pública. Por ello la especialista aseguró que es fundamental tener todos los conteos posibles porque ningún dato puede ser exacto y en el futuro se requerirá de cruzar las diferentes bases de datos para entender el contexto y la magnitud del problema.

El artículo “Exceso de mortalidad durante la pandemia de coronavirus (Covid-19)”, de la Universidad de Oxford lo confirma, el documento deja claro que las dos estadísticas, tanto muertes confirmadas por Covid-19 como exceso de mortalidad, brindan una perspectiva sobre diferentes preguntas. “Las muertes confirmadas a menudo subestiman el impacto total de la pandemia en las muertes, pero a diferencia del exceso de mortalidad, contienen información sobre la causa de la muerte en tiempo real. El exceso de mortalidad incluye no solo a los que han muerto por Covid-19, sino también a los que se deben a todas las demás causas. Esto significa que ambas métricas son necesarias para comprender el impacto total de la pandemia en las muertes”.

Perelman agrega que es pronto para sacar conclusiones, pues por ejemplo, ni siquiera la definición de muerte por Covid-19 es tan sencilla y aún no es clara, incluso no todos los países la definen igual, hay quienes toman en cuenta tener una PCR positiva confirmada, otros una sospecha sin prueba pero con síntomas, algunas neumonías atípicas también son contabilizadas y también están las personas que tienen Covid-19 pero fallecen por otras causas.

El exceso de mortalidad además presentará otras dificultades, pues solo puede calcularse sobre la base de datos precisos y de alta frecuencia sobre la mortalidad de años anteriores, dentro de las observaciones de la Universidad de Oxford, se plantea que pocos países tienen agencias de estadística con la capacidad y la infraestructura para informar el número de personas que murieron en un mes, una semana o incluso en un día. Agregan que para la mayoría de los países de ingresos bajos y medianos, estos datos no están disponibles para años anteriores y este será un gran reto.

Lo importante es que hoy la discusión se esté dando, las dificultades se vayan sorteando y que a la par vayan surgiendo datos que nos den respuestas para el manejo de la pandemia. El Economista

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