De Impacto

La ciudad con más miedo de México

DAVID MARCIAL PÉREZ
ORO NEGRO

Fresnillo (Zacatecas) .- Hay veces que les da tiempo a bajar la reja metálica de la tienda y encerrarse con llave en la bodega. Pero cuando las balas suenan muy cerca, Mariano y Carmen solo llegan a esconderse al fondo del pasillo, entre las papas fritas y los Doritos. Hace tres semanas fueron más de 10 disparos justo en la acera de enfrente. Un grupo de sicarios acababa de asesinar al subdirector de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento en la puerta de su casa. Unos días antes mataron a balazos a un abogado en la misma calle cuando salía de su bufete. Y la semana pasada, otros tres vecinos fueron tiroteados un par de cuadras más abajo.

En sus 12 años al frente de la tienda de abarrotes, Mariano Rosales no recuerda otra época peor en Fresnillo, un municipio del estado de Zacatecas. “Nos tienen bien espantadotes. Estamos todo el día con el Jesús en la boca”. La calle de las balaceras, a menos de cinco minutos andando del centro de la ciudad, se llama Tamaulipas. Un guiño macabro del azar a uno de los Estados más violentos del país. Los vecinos están asustados —”Salimos a la calle encomendándonos a nuestro padre Dios”, cuenta el tapicero— por la crecida de los asesinatos y las extorsiones, pero aun así conservan el proverbial humor negro mexicano: la calle ya ha sido rebautizada oficiosamente como Mataulipas.

El día que mataron a tiros al funcionario del Ayuntamiento, otras 14 personas fueron asesinadas en la ciudad. Con casi 250.000 habitantes, la más poblada de Zacatecas y uno de sus motores económicos, Fresnillo lidera la lista de la encuesta nacional de percepción de seguridad pública urbana, que publica trimestralmente el instituto de estadística, Inegi. El 95% de los habitantes de Fresnillo considera que vivir en su ciudad no es seguro. Por encima de focos rojos como Ecatepec, en el Estado de México, o Coatzacoalcos, en Veracruz.

La situación límite en Fresnillo ilustra la ola de violencia que azota a los Estados rurales del centro de México, relativamente tranquilos hasta hace pocos años, alejados tanto de las puertas de entrada y producción de droga —las costas y las montañas— como de las puertas de salida por la frontera norte. Pero en los últimos años el mapa del crimen organizado se ha ido ensanchando cada vez más. Como Guanajuato, San Luis Potosí o Aguascalientes, Zacatecas ha registrado un vertiginoso aumento en lo registros de violencia. En el último año los homicidios crecieron más de un 60%.

La ruta de la droga
Su enclave geográfico la ha convertido en el nuevo objeto de deseo del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Considerada la mafia más poderosa de México, sus redes se han expandido en busca del control de las rutas de distribución hacia EE UU por el este. Y ahí, Zacatecas, y en particular Fresnillo, situada literalmente en el centro del territorio mexicano, juega un papel crucial como una de las ciudades más grandes e industrializadas del corredor que conecta los puertos del Pacífico con las salidas hacia Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En ese misma ruta hacia el norte, a pocos kilómetros de Fresnillo, cuatro policías estatales que vigilaban la carretera fueron emboscados y murieron calcinados dentro del propio coche patrulla la semana pasada.

Desafiando la llanura desértica que rodea a la ciudad, en las orillas se levantan bodegas gigantes y naves metálicas que guardan maquilas, ensambladoras para la industria del automóvil y tres minas. Desde la época colonial, la zona ha sido un filón de oro y la plata. Fresnillo PLC es la única empresa mexicana que cotiza en la bolsa de Londres. Con yacimientos también en Sonora y Durango, la joya de la corona, su principal yacimiento de plata no refinada está en la ciudad, generando más de 10.000 empleos directos.

El clima de violencia también ha envuelto a la minera, con ataques a trabajadores atribuidos a pugnas entre sindicatos. “Es un pinche desmadre todo. Dicen que son los sindicatos pero ¿quién sabe?”, cuenta Miguel Macías, 32 años, antes de entrar en la mina. Casco naranja y chaleco fluorescente, dice también que hace dos días, cuando sacaba a pasear a su perro por la mañana, vio cómo dos tipos en una motocicleta tiroteaban a un “chavo que andaba lavando el carro fuera de su casa”. Y que por la tarde “encontraron otro muertito en el campo de fútbol”.

El alcalde de Fresnillo, Saúl Monreal, reconoce abiertamente la dimensión del problema: “La ciudad se ha convertido en una guerra sin cuartel entre el crimen organizado”, afirma en unas oficinas de Morena en el casco antiguo. El Palacio Municipal de Fresnillo, a un par de cuadras, está cerrado desde que hace meses una protesta por el feminicidio de una menor terminó con la gente asaltando el Ayuntamiento y quemando varias estancias. “Fue una expresión del enojo”, resume el alcalde, que también reconoce la existencia de al menos tres mafias —Jalisco, Sinaloa y Noreste, los restos del cartel del Golfo— pero subraya una en particular: “Desde hace un año para acá la presencia de Jalisco Nueva Generación fue lo que agudizó la violencia”.

La situación límite en Fresnillo ilustra la ola de violencia que azota a los Estados rurales del centro de México, relativamente tranquilos hasta hace pocos años, alejados tanto de las puertas de entrada y producción de droga —las costas y las montañas— como de las puertas de salida por la frontera norte. Pero en los últimos años el mapa del crimen organizado se ha ido ensanchando cada vez más. Como Guanajuato, San Luis Potosí o Aguascalientes, Zacatecas ha registrado un vertiginoso aumento en lo registros de violencia. En el último año los homicidios crecieron más de un 60%.

La ruta de la droga
Su enclave geográfico la ha convertido en el nuevo objeto de deseo del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Considerada la mafia más poderosa de México, sus redes se han expandido en busca del control de las rutas de distribución hacia EE UU por el este. Y ahí, Zacatecas, y en particular Fresnillo, situada literalmente en el centro del territorio mexicano, juega un papel crucial como una de las ciudades más grandes e industrializadas del corredor que conecta los puertos del Pacífico con las salidas hacia Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En ese misma ruta hacia el norte, a pocos kilómetros de Fresnillo, cuatro policías estatales que vigilaban la carretera fueron emboscados y murieron calcinados dentro del propio coche patrulla la semana pasada.

Desafiando la llanura desértica que rodea a la ciudad, en las orillas se levantan bodegas gigantes y naves metálicas que guardan maquilas, ensambladoras para la industria del automóvil y tres minas. Desde la época colonial, la zona ha sido un filón de oro y la plata. Fresnillo PLC es la única empresa mexicana que cotiza en la bolsa de Londres. Con yacimientos también en Sonora y Durango, la joya de la corona, su principal yacimiento de plata no refinada está en la ciudad, generando más de 10.000 empleos directos.

El clima de violencia también ha envuelto a la minera, con ataques a trabajadores atribuidos a pugnas entre sindicatos. “Es un pinche desmadre todo. Dicen que son los sindicatos pero ¿quién sabe?”, cuenta Miguel Macías, 32 años, antes de entrar en la mina. Casco naranja y chaleco fluorescente, dice también que hace dos días, cuando sacaba a pasear a su perro por la mañana, vio cómo dos tipos en una motocicleta tiroteaban a un “chavo que andaba lavando el carro fuera de su casa”. Y que por la tarde “encontraron otro muertito en el campo de fútbol”.

El alcalde de Fresnillo, Saúl Monreal, reconoce abiertamente la dimensión del problema: “La ciudad se ha convertido en una guerra sin cuartel entre el crimen organizado”, afirma en unas oficinas de Morena en el casco antiguo. El Palacio Municipal de Fresnillo, a un par de cuadras, está cerrado desde que hace meses una protesta por el feminicidio de una menor terminó con la gente asaltando el Ayuntamiento y quemando varias estancias. “Fue una expresión del enojo”, resume el alcalde, que también reconoce la existencia de al menos tres mafias —Jalisco, Sinaloa y Noreste, los restos del cartel del Golfo— pero subraya una en particular: “Desde hace un año para acá la presencia de Jalisco Nueva Generación fue lo que agudizó la violencia”. Fuente: El País

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