Opinión

La bota militar y el caso Ayotzinapa

RICARDO RAPHAEL
POLÍTICA ZOOM

“Juan” es Gildardo López Astudillo, mejor conocido como El Cabo Gil. Se trata del principal testigo colaborador con el que cuenta la Fiscalía General de la República (FGR) para resolver el caso Ayotzinapa.

El miércoles 4 de septiembre de 2019, Gildardo López fue liberado por un juez, quien consideró que la integración de la carpeta por parte del Ministerio Público estaba plagada de vicios y violaciones constitucionales. Sin embargo, cuatro meses después, El Cabo Gil se convirtió en “Juan”, un testigo colaborador que ha aportado datos fundamentales para derrumbar la “verdad histórica” del gobierno de Enrique Peña Nieto y establecer nuevas líneas de investigación que involucran, entre otras, a las autoridades militares.

Los testimonios de “Juan” fueron reseñados la primera vez por el periodista Álvaro Delgado, en julio del año pasado, en un reportaje que publicó para la revista Proceso (2280).

Ayer, ese mismo testimonio tuvo un despliegue privilegiado en el periódico Reforma (20.01.21). Vale subrayar que mezquinamente no se menciona el trabajo de Delgado, y también que ninguno de los textos refiere al vínculo entre “Juan” y El Cabo Gil. ¿Por qué este testimonio de López Astudillo toma de nuevo relevancia? O más precisamente, ¿por qué Reforma revive un argumento que Proceso ya había revelado? Sería ingenuo desvincular el cierre reciente de filas de la FGR con el Ejército, respecto al general Salvador Cienfuegos Zepeda, del señalamiento hecho por “Juan” a propósito de que militares de diversos rangos estuvieron relacionados con la masacre de Iguala. ¿Tendrá alguien temor fundado de que la administración lopezobradorista quiera perdonar al mando militar por otros pecados?

Un último dato curioso: Reforma publicó un documento cuyo origen, según la evidencia referida por el mismo medio, es el Poder Judicial. Zoom: Tiene razón el Centro de Derechos Miguel Agustín Pro cuando dice que al expediente Ayotzinapa le sobran testimonios subjetivos y le faltan pruebas objetivas. En otras palabras, aunque la verdad sobre lo sucedido se aproxima, no bastan los dichos de El Cabo Gil para saltar a conclusiones. MILENIO

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