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Inversión de 6 mdd planea Jaguar este año para pozo exploratorio


Pese a las dificultades económicas que atraviesa el país la petrolera regiomontana Jaguar, junto con su filial Pantera Exploración y Producción, se mantienen como los actores privados más activos en el prácticamente nuevo régimen de competencia en el sector mexicano.


Pese a las dificultades económicas que atraviesa el país la petrolera regiomontana Jaguar, junto con su filial Pantera Exploración y Producción, se mantienen como los actores privados más activos en el prácticamente nuevo régimen de competencia en el sector mexicano y sólo esta semana comprometieron casi seis millones de dólares en 2021 en la perforación de un nuevo pozo exploratorio y trabajos para continuar evaluando el potencial de dos de los 10 contratos que operan en tierras mexicanas.

En el caso de las actividades de Jaguar, en su sexta sesión ordinaria del órgano de gobierno, la Comisión Nacional de Hidrocarburos le otorgó la aprobación del programa de evaluación referente a los campos Acagual, Mecayucán y Mata Violín-1, del Contrato CNH-R02-L03-VC-03/2017.

Éste se trata de un contrato en la modalidad de licencia y el área contractual, cuenta con una superficie de 231.6 kilómetros cuadrados, se localiza en el Estado de Veracruz.

El objetivo del programa de evaluación es reevaluar y delimitar las estructuras de tres descubrimientos realizados previo a la fecha efectiva del contrato por el operador anterior, en los Campos Acagual (gas y condensado, en el 2001), Mata Violín (Aceite, en 2002) y Mecayucan (Aceite y gas, en el 2010) para establecer si cuentan con potencial productivo.

En el escenario base del programa, que se define como el más conservador con condiciones económicas y geológicas menos favorables, el operador estima que, entre junio del 2021 y mayo del 2022, se realizarán las siguientes actividades, a razón de una por cada campo: modelo estático, reparación menor (RME); pruebas convencionales de presión-producción que incluye: análisis cromatográfico y muestreo de fluidos. Fuente Karol García / El Economista

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