De Impacto

El horror de la violencia del narco en Zacatecas espera al presidente


López Obrador visita este miércoles uno de los Estados más violentos del país, donde solo en tres meses han asesinado a 440 personas y han colgado 57 cadáveres de puentes


ELENA REINA | EL PAÍS | Mientras el gobernador, recién llegado al poder, David Monreal, presumía orgulloso la instalación este martes de un complejo de la Guardia Nacional en un municipio del norte de Zacatecas, a una hora en coche de ahí la policía municipal de Fresnillo batallaba para descolgar a ocho cadáveres de un puente. El Estado se ha convertido en el nuevo epicentro de la violencia del narco, pues aunque haya otras entidades que se peleen el primer puesto de sangre con más o menos muertos por habitante, es en Zacatecas donde el narco se ha atrevido a exhibir el terror como en los peores años de la guerra contra los señores de la droga. Unos 57 cadáveres han sido colgados de los puentes de entrada a diferentes ciudades en lo que va de año. Nueve municipios se han quedado sin policías. Un Estado tomado por el narco y sus luchas intestinas que el presidente Andrés Manuel López Obrador visitará este miércoles y jueves para tratar de recomponer el orden en un rincón del centro del país fuera de contro

Todavía no se habían logrado identificar a los 10 colgados de otro puente al sureste de Zacatecas el jueves, en Ciudad Cuauhtémoc, cuando los institutos forenses acumulaban a ocho más este martes. A los muertos más visibles se suman otros embolsados, ejecutados en la sierra, abandonados en cunetas a la orilla de la carretera: en total han sido asesinadas 440 personas en tres meses. Una tasa de violencia que aumenta sin freno: un 56,4% más de homicidios que el año pasado.

Monreal, hermano del jefe de la bancada de Morena (partido del presidente) en el Senado, ha reconocido la incapacidad del Estado para poner fin a la violencia y ha aplaudido la llegada del presidente para ayudar a su Gobierno. Tras la aparición de los 10 colgados el jueves y bolsas con restos humanos el viernes, el gobernador decidió destituir al responsable de la Secretaría de Seguridad estatal, Arturo López Bazán, que venía de la anterior Administración y llevaba poco más de un año en el cargo. En su lugar nombró el mismo viernes a un general de brigada retirado con el propósito de “recuperar la tranquilidad y la paz”. El nuevo secretario de Seguridad Pública, Adolfo Marín, sirvió durante 45 años en el Ejército y en la Fuerza Aérea, un perfil de mano dura contra el narco para una entidad gobernada de facto por las organizaciones criminales.

La cotidianeidad del terror del narco ha sacudido a un Estado que no figuraba entre las localidades más peligrosas del país, los temidos puntos de frontera para el tráfico de drogas, como Tijuana, Ciudad Juárez o Reynosa. Pero en lo que va de año, Zacatecas, tierra de siembra y de laboratorios clandestinos de drogas sintéticas, y plaza de disputa entre los dos principales cárteles, el de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación, se ha convertido en el nuevo rostro del terror y recuerda que aunque la guerra del Gobierno contra el narco se detuviera con la llegada de López Obrador al poder en 2018, la violencia no se ha detenido, solo se ha desplazado.

Zacatecas implica el nuevo gran reto de seguridad para el Gobierno de López Obrador, que ha tratado de evitar el combate frontal al crimen y cuya estrategia se resume en el eslogan “abrazos y no balazos”. Pero el ritmo frenético con el que se extienden las disputas de los cárteles de la droga por todo el territorio nacional hace que los planes sociales del presidente —que busca debilitar al crimen ofreciendo alternativas económicas y sociales a los jóvenes más pobres— parezcan una utopía. Zacatecas ha estallado ahora como antes lo hiciera Guanajuato, dos entidades alejadas de los grandes focos de la violencia hace cinco años, y donde ningún plan de Gobierno ha evitado que se siga matando como en una guerra. Otros puntos críticos de ausencia del Estado son Michoacán, Guerrero y Sonora.

En Ciudad Cuauhtémoc, un municipio de menos de 15.000 habitantes casi en la frontera con otro Estado, Aguascalientes, su alcalde reconoció el viernes en un vídeo que se había quedado solo y pedía a los vecinos que no salieran a la calle. Todo el cuerpo de policías municipales había renunciado ante las amenazas, desapariciones y ejecuciones de sus compañeros. A esta localidad se sumaron ocho más. Un rosario de pueblos donde la ausencia de Gobierno es ya una realidad. Y otros, como Fresnillo, que mantiene a sus cuerpos de seguridad, pero que cualquier embate del crimen organizado sacude de balaceras y asesinatos con total impunidad.

A esta zona del centro del país viaja López Obrador este miércoles. Busca ofrecer un plan de seguridad llamado Plan de Apoyo, como antes hiciera en Guanajuato, Jalisco o Colima. Una estrategia que consiste principalmente en fortalecer la presencia del Ejército y la Guardia Nacional en las zonas más violentas, tomadas por los narcotraficantes. Además, habitualmente se refuerza otros de sus planes estrella como el de Jóvenes Construyendo el Futuro, con el objetivo de desincentivar a los más vulnerables a poblar las filas del crimen organizado. “Atacar las causas”, explicó a principios de noviembre el presidente. En Colima, además de aumentar la financiación en seguridad y el número de soldados, prometió crear 5.000 empleos para “jóvenes aprendices”, de más de 18 años.

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