La Última de Petróleo

¡Desplome en refinación!

REDACCIÓN
ORO NEGRO

Sumido todavía México en la pandemia por Covid y con el presidente Andrés Manuel López Obrador renovando sus embestidas en contra de los entes autónomos del Estado, las malas noticias no dejan de sucederse en la marcha del autodenominado gobierno de la Cuarta Transformación. La mala nueva, en concreto, es la caída en el principal indicador en materia de transformación industrial de Pemex, relativo al proceso de refinación de crudo. Según información oficial, el nivel de ese indicador —584,000 barriles por día— es 10.2% inferior a la última meta planteada por la empresa estatal en este rubro, en octubre del año pasado.

La noticia conlleva el agravante de que apunta al corazón de una de las más proclamadas promesas de campaña electoral: se combatiría a capa y espada la importación de gasolinas. Y el caso es que, para abatir esas importaciones, la única opción disponible era elevar la capacidad interna de refinación de Petróleos Mexicanos.

Los hechos confirman que en el origen de esa caída de las cifras de refinación de Pemex se encuentra un desplome, casi escandaloso, de la utilización de la capacidad instalada de refinación. Según noticias, hace una década el promedio de utilización de esa capacidad instalada era de 74% y en los tiempos que corren ha llegado a tan solo 36.5 por ciento. ¿Por qué?

No se necesita ser un genio para deducir la razón de fondo para ese desplome en el uso de la capacidad instalada de refinación: “los paros no programados” en el proceso de refinación de la empresa estatal “por falta de mantenimiento de los equipos”. Es decir, el problema tiene su origen en la insuficiencia de recursos financieros para invertir precisamente en el mantenimiento de los equipos correspondientes, lo cual implica la adquisición de piezas y refacciones además del empleo de mano de obra quizás adicional.

El colofón del presente comentario no puede ser otro de que habrá limitación de recursos para el mantenimiento de los equipos de refinación de Petróleos Mexicanos, pero esos fondos no faltan para otros fines prioritarios de la presente administración. Entre ellos, sobre todo, el dinero para comprar votos mediante el muy cuestionable procedimiento estatal del reparto de limosnas sociales a todo lo largo y ancho del país. Ni modo: ¡los recursos financieros frescos son siempre fatalmente escasos para todo lo que se quiere hacer y se debe hacer! El Economista

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