Opinión

Descalificar en lugar de aclarar

CARLOS MARÍN
EL ASALTO A LA RAZÓN

Aunque son muchas las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación que ponen en entredicho la transparencia y honradez de la 4T, las “resistencias” a ser fiscalizada que opuso la Secretaría de la Función Pública ilustran la prepotencia del máximo Poder, pues llegó al extremo de impedir el acceso de los auditores a sus instalaciones y archivos; “sus servidores públicos se negaron a comparecer ante la ASF” y no entregaron información de un “expediente de investigación integrado por presuntas anomalías e incongruencias en el estado patrimonial de un líder sindical, argumentando que no contaba con dicha información”.

Grave la revelación (entre muchas otras) de que el caprichoso cambio de lugar del nuevo aeropuerto internacional puede significar un colosal, pero discutible daño patrimonial a la nación, alarma la cerrazón de un despacho presidencial a la revisión de sus manejos. (So pretexto de ahorrar y la insensata embestida contra instituciones autónomas, Función Pública es la dependencia sugerida por el presidente López Obrador para que absorba las funciones del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, por fortuna todavía vivo).

Sobre la tercera entrega de la Cuenta Pública 2019 de la ASF que encabeza David Colmenares y donde se refleja opacidad gubernamental y una desastrosa gestión del gasto federal, AMLO declaró ayer: “Exageran, están mal sus datos. Yo tengo otros datos y se va a informar aquí. Ojalá y lo hagan ellos, los de la Auditoría Superior de la Federación, porque le están dando mal la información a nuestros adversarios y yo creo que no deben de prestarse a esas campañas…”.

En realidad nada lo obliga personalmente a “informar aquí” (las mañaneras del salón de la Tesorería en Palacio Nacional) sobre las observaciones de la ASF.

Son sus dependencias las obligadas a aclarar las cuentas bajo sospecha y la Función Pública debe someterse al escrutinio de la instancia creada ex profeso por la Cámara de Diputados, misma que jamás le da bien o “mal” su información a ningún “adversario” sino a la sociedad mexicana (incluidos los afectos y desafectos del régimen lopezobradorista).

Su respuesta la remató con la promesa de que “vamos a aclarar”, siempre y cuando “antes de que aclaremos nosotros, aclare la Auditoría”.

Tampoco procede. Quienes tienen que aclarar son los despachos presidenciales. Las “observaciones” de la ASF suelen ser aclaradas en un alto porcentaje, así que no debiera ocuparse y menos preocuparse, a menos que no se puedan responder señalamientos tan deshonrosos como los de multimillonarias cuentas opacas en las obras del aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya, el Corredor del Istmo de Tehuantepec y la refinería de Dos Bocas, así como en los programas sociales emblemáticos Pensión para Adultos Mayores, Jóvenes Construyendo el Futuro, Becas para el Bienestar, Crédito Ganadero y Sembrando Vida…
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