Opinión

Campeche sin petróleo

Jonathan Ruiz Torre
Parteaguas

¿Qué va a pasar con Campeche ahora que el gigante yacimiento Cantarell pesa poco en el presupuesto del gobierno, y en el mundo inicia la extinción de los coches a gasolina?

La GM de Mary Barra –¡La General Motors!– avisó ayer que en su caso, ya no los venderá a partir de 2035. Guarden el Aveo y la Suburban, en unos años pueden ser pieza de museo.

Lo que venden los campechanos es petróleo útil para hacer combustibles y entre otros, tienen como contrincante al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien va por los autos eléctricos. Más vale pensar en opciones para luego no andar con prisas.

En Pemex saben bien de esos impactos imprevistos. La brutal caída en la inversión de esa empresa durante la administración del presidente Enrique Peña Nieto provocó que la economía perdiera la mitad de su tamaño en una década. Ciudad del Carmen perdió empleos, muchos, y su gente, mucho dinero.

La producción petrolera en aguas someras del sureste –visibles desde el malecón de su capital– bajó de casi 2.9 millones barriles diarios de los días de gloria de 2004, a la decadente situación de 1.3 millones de barriles con los que cerró la región en 2020.

Los campechanos necesitan trabajo y dinero, urgentemente. Más, en días de una crisis económica mal atendida como la actual.

¿Es hora de vender terrenos de playa o de comercializar inmuebles? Quienes escapan de grandes ciudades en la era del home office pueden ser buenos clientes, además están las oportunidades que puede brindar la nueva Ley del Infonavit que permite comprar desde un hostal, hasta un pedazo de selva para ermitaños.

Datos oficiales muestran un repunte en el precio de las viviendas a un ritmo de 6.7 por ciento anual medido hasta junio, que va por encima del promedio nacional, de 5.8 por ciento.

Es Ciudad del Carmen la que jala la tendencia, de acuerdo con la Sociedad Hipotecaria Federal, y eso puede responder a un aumento en la demanda de casas por parte de empleados petroleros que trabajan para empresas privadas que llegaron a raíz de la reforma energética. Pero no serán muchos, en vista de que el gobierno actual abandonó las rondas de subastas petroleras.

En Campeche, la capital, la cosa va mucho más lenta. Aunque en cualquier caso, empieza a pintar en datos locales el arribo de mexicanos y algunos extranjeros que llegaron para aislarse durante la pandemia.

Jorge Manos advierte justamente de la llegada de ese tipo de ‘exiliados’. Él es el secretario de Turismo en el estado, quien intenta elevar el impacto de esa actividad en la economía local que actualmente es de 4 por ciento, muy por debajo del 10 por ciento en su vecino, Yucatán.

Manos apuesta a la seguridad, tanto física, por los escasos delitos en la entidad, como de salud. El eslogan que defiende es: Campeche, seguro te vas a sorprender.

Campeche es la única entidad en ‘semáforo verde’ de salud por el bajo número de casos de Covid-19 entre su población. Su gente invirtió 11.5 millones de pesos en los ‘Guapos’, unos autobuses que pasean a quienes les visitan, para mostrarles recintos históricos.

Tienen costas de arena casi blanca y Palizada, un pueblo mágico enclavado en la selva, lleno de casas del Siglo XVIII con tejas francesas, a cuatro horas de Campeche.

También, 16 zonas arqueológicas –entre ellas la de Calakmul–y la reserva de la Biósfera de los Petenes, paralela a la costa, 143 kilómetros de manglar navegable por embarcaciones pequeñas del tipo de pesca recreativa.

Para el turismo, Campeche enfrenta un problema clave más allá del reto que encaran todos los empresarios dedicados a la atención turística en medio de una pandemia: su capital sólo está conectada con la Ciudad de México por algunos vuelos de aerolíneas en serios problemas económicos y el estado carece de infraestructura hotelera para recibir una potencial llegada masiva de visitantes.

Hasta hoy, el 92 por ciento de quienes llegan son mexicanos que en un tercio de los casos llegan de estados colindantes. El resto corresponde a extranjeros, algunos de ellos ‘varados’ o aislados por confinamientos en sus países de origen.

¿Puede Campeche hacer competencia en turismo en un ánimo de empezar a diversificar su economía? Luce complicado, pero la entidad necesita quitarse la camisa de fuerza que la inercia de una lejana bonanza petrolera tejió a su gente.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero

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