Nuevos pozos para enfrentar un probable socavón

10 noviembre 2017, 2:58 pm

ENRIQUE VILLARREAL RAMOS
ORO NEGRO

En el pasado, cuando se han presentado crisis económicas y políticas, los hidrocarburos han evitado que resulten catastróficas para el país. Durante el gobierno de Echeverría, se evidenció el agotamiento del modelo desarrollista y el anquilosamiento del sistema político. En 1976, la devaluación del peso acabó con el desarrollo estabilizador (basado en la paridad de 12.50 por dólar desde 1954), reflejando el colapso financiero del Estado y del estatismo.

México se encaminaba a una prolongada pesadilla, pero justo en esos años, se descubrieron yacimientos gigantes de petróleo y gas en Chiapas y Tabasco. En 1974, estos campos permitieron superar los 200 millones de barriles, y para 1978, esta región, y la sonda de Campeche, proporcionaron el 79% de la producción total, y las reservas superaron los 11 mil millones en 1976. Los precios del barril pasaron de 2.64 dólares en 1973 a 38.50 en 1981, un gran incentivo para obtener créditos e inversiones, y erigir una plataforma de exportación: Pemex produjo más de 2 millones de barriles, la exportación de crudo representó el 72% del comercio exterior, y la paraestatal se transformó en fuente vital para las finanzas públicas, y motor del crecimiento.

Sin embargo, López Portillo dilapidó la “abundancia”, la economía se petrolizó, y al caer los precios del crudo, el quebranto financiero de 1982 fue mayor al del 76. La década de los ochenta fue una época perdida para el desarrollo económico y social, y con Salinas la recuperación fue efímera. Con Zedillo se puso fin a las crisis de final de sexenio, debido, en gran parte, al complejo Cantarell, que contribuyó a que se mantuviera la producción por encima del millón de barriles, y en el 2003, el yacimiento marino alcanzó su pico de 2.2 millones, antes de iniciar su declinación. La baja de la producción se compensó, hasta cierto punto, con el boom de los precios del crudo (que superó los 100 dólares por barril), y el TLCAN promovió una reconversión exportadora que, entre sus beneficios, está la diversificación económica.

Ahora, un “huracán grado 5” nos amenaza, y cuyos efectos destructivos ya se expresan con la incertidumbre financiera, y la depreciación del peso. De por sí, el incremento de la inseguridad, la violencia, la corrupción y la impunidad, y la crisis del sistema de justicia, configuran un entorno negativo para los negocios, y la sociedad, lo que se agravará si aquéllos se conjugan con factores de riesgo tales como: la cancelación del TLCAN (que afectaría a los sectores de exportación y al comercio), la reforma fiscal de Trump (que provocaría fuga de capitales e inversiones), la incertidumbre política por un eventual triunfo de AMLO (quien haría retornar el estatismo autoritario), que pudieran provocar un tsunami de incalculables implicaciones.

Ante ello, y cuando la producción, las reservas y los ingresos de Pemex estaban a la baja, los descubrimientos de Zama-1 (por empresas privadas) en aguas someras del Golfo (con un estimado de mil a dos mil millones de barriles) e Ixachi-1 (por Pemex) en Cosamaloapan, Veracruz (representa reservas de 350 millones de barriles), constituyen una esperanza para enfrentar el duro panorama que viene en el 2018, claro, siempre y cuando, se exploten competitivamente y, sobre todo, que se aclaren y, en su caso, se castiguen los casos de corrupción que involucran a Pemex, lo que, de no hacerse, impedirán que, con los nuevos pozos, y la Reforma Energética en general, se supere un eventual socavón económico y político.

ENTRETELONES

Normal que AMLO defienda a los impresentables Carlos Lomelí y a Félix Salgado Macedonio.