Ixachi debería sonar más a futuro

Ixachi significa grande, pero desafortunadamente lo están haciendo sonar más a pasado.

8 noviembre 2017, 1:41 pm

PABLO ZÁRATE
ORO NEGRO

La poca atención de muchos en pasos, procesos y detalles técnicos hace pensar que más bien se está hablando desde el sentimiento, de las ansias de revivir modelos y momentos de Cantarell. Apenas un día después del anuncio del descubrimiento, una serie de legisladores han abogado porque Pemex —y solo Pemex— deba “administrar esta abundancia”. Suena al pasado.

El descubrimiento de Ixachi es una buena noticia que pertenece a la nueva era. Se materializó con el pozo exploratorio terrestre más profundo que Pemex haya operado, con sísmica y tecnología de perforación de vanguardia. Ocurrió, siendo parte del nuevo modelo, mientras diversas operadoras exploran en otras latitudes nacionales.

Acorde con la era del petróleo difícil, como Pemex ha explicado, su tamaño se parece más a los rangos de Zama que al de Cantarell —es más un “búfalo” que una “ballena”—. Convirtiendo todo a barriles de petróleo crudo equivalente, el estimado preliminar de reservas 3P equivale a alrededor de medio año de la producción de crudo nacional. Si la meta fuera mantener los ritmos producción del país, se necesitarían docenas de Ixachis.

La conversión a crudo es útil para la comparación porque, de acuerdo con una ficha de Pemex, aquí hay mucho más gas que crudo. Hace unas décadas, cuando el gas era considerado un subproducto, con pocos usos prácticos, Ixachi hubiera sido considerado un fracaso.

Hoy es valioso y demandado —hasta estratégico en el contexto mexicano—. Es parte integral del futuro: clave para la transición energética o, para usar otro concepto, la electrificación de la economía. Nada más propio de la nueva era.

Es cierto que estar en tierra y cerca de infraestructura existente aumenta la potencial rentabilidad del descubrimiento. Confirmar la proporción de líquidos, más valiosos en el contexto actual, también.

Pero Ixachi no está exento de retos. Norteamérica es la región donde el gas se comercializa con los precios más bajos. Esto significa que se necesitan costos de producción de gas por debajo de 3 dólares por millón de BTU. Aun siendo optimistas, expertos como Pablo Medina de Wood Mackenzie prevén escenarios, poco probables, en los que Ixachi podría estar en la línea.

Contrario a lo que sucedió en las épocas de Cantarell, la competitividad de cualquier proyecto de la nueva era es una consideración clave. En el mundo, las petroleras toman sus decisiones de inversión con base en criterios técnicos, con hallazgos ya delimitados.

Aquí en México, algunos lo ven diferente. Al transmitir su mensaje político, se saltaron todos los pasos que por un largo tiempo en México parecieron irrelevantes, pero en realidad son indispensables. Quizá no lo notaron, pero varios legisladores que se oponen al nuevo modelo energético declararon comercialidad, tomaron la decisión final de inversión y, al menos en su cabeza, destinaron/obligaron a Pemex a producirlo solo, sin ninguna consideración por el resto de su portafolio.

Es grave. La mentalidad de ignorar pasos y costos, absolutos o relativos, monetarios o de oportunidad, quizá se podía disfrazar y hasta solapar bajo la abundancia de Cantarell. Pero, afortunadamente, ése es el pasado. Ixachi debería sonar más a futuro.

OTRO DESCUBRIMIENTO

La diputada Georgina Trujillo concluyó, durante la comparecencia del secretario Pedro Joaquín Coldwell, que ASEA necesita autonomía. Buena noticia, que ojalá se traduzca pronto en iniciativa. El Economista