Más allá de Cantarell

11 octubre 2017, 1:50 pm

PABLO ZÁRATE
ORO NEGRO

En algún momento, se predijo que Cantarell podría ser sustituido por Chicontepec. Ante la declinación del primero, se sostenía, el desarrollo del segundo sería clave para equilibrar la plataforma de producción nacional.

Hay razones de peso para haber creído esto. Las reservas totales de Chicontepec llegaron ser de más de 17,000 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, 40% de las reservas del país. Sus recursos remanentes in situ superan los 40,000 millones de barriles, unas 20 veces lo del descubrimiento reciente de Zama.

Desde el principio, sin embargo, era claro que desarrollar Chicontepec implica un enorme reto técnico. Por las características de las rocas, se requieren muchas más perforaciones (y actividad) para lograr que el petróleo fluya.

“Necesitas 100 pozos en Chicontepec para producir lo que uno en el mar”, le dijo Gustavo Hernández, de Pemex, a Edgar Sigler, de Expansión, hace un año. De acuerdo con la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CDH), esto significa que se necesitan más de 250,000 pozos para recuperar todas las reservas 3P en Chicontepec.

A pesar del tamaño del reto, nadie puede quejarse de que no se le haya invertido a Chicontepec. Entre el 2009 y el 2014, fue uno de los tres principales proyectos de inversión de Pemex, la empresa más grande nuestro país. Llegó a atraer más de 20,000 millones de pesos por año, facilitando que se prueben (y re-prueben) una serie de técnicas y tecnologías para optimizar los resultados. Gracias a estos esfuerzos, la CNH ratificó el potencial del activo y tuvo elementos para emitir una serie de recomendaciones para su desarrollo.

Pero, si la meta eran cientos de miles pozos, sólo se han logrado concretar un par de miles. Si la meta era producir cientos de miles de barriles por día, sólo se han podido alcanzar las decenas de miles. En el 2014, Pemex limitó significativamente su inversión en Chicontepec. Expansión nombró al proyecto “la gran derrota de Pemex”.

Chicontepec, quizás más que ningún otro proyecto, dejó claras las limitaciones del antiguo modelo petrolero.

Es un tema de tecnología, sí. Si se sigue invirtiendo en desarrollo tecnológico, es de esperarse que eventualmente se encontrará la llave para resolver todo esto la mezcla correcta entre tipo de pozo, forma de estimulación, etc. Pero exigirle a una empresa que por sí sola ‘opere’ la tecnología (financie su desarrollo) de todo un activo, como se hizo con Pemex, es una carga demasiado pesada.

También es un tema de escala. Decretar la “creación” del activo Chicontepec, como se hizo en el 2008, implicó poner a Pemex en un camino que demandaba inversiones sostenidas por décadas, cientos de miles de pozos es algo titánico para cualquier empresa. En el 2014, Pemex efectivamente declaró que ya no le alcanzaba para seguir por la ruta planteada.

Imaginemos una alternativa. Si en el 2008 Pemex hubiera podido declarar su interés en liderar un esfuerzo por desplegar y atraer recursos de la industria para desarrollar Chicontepec, compartiendo riesgos e inversiones, las cosas indudablemente serían diferentes. Habríamos tenido, como país, la oportunidad de canalizar más recursos a un proyecto estratégico, sin asumir todo el riesgo, y quizás estaríamos más cerca de las decenas de miles de pozos requeridos.

Igual de importante: tendríamos acceso al tipo de información estratégica que sólo se puede generar a partir de una multiplicidad de perspectivas. Sabríamos con certeza si Pemex está liderando (y otras empresas la están siguiendo) o si la industria está buscando salirse o limitar su posición en él, algo que, bajo un modelo monopólico es impensable. El resultado es mejor información para tomar decisiones.

Decretar la creación de un activo, como se hizo en el 2008, suena más poderoso que liderar el esfuerzo por desarrollarlo, como aquí imaginamos. Lo tengo claro. Durante la era del petróleo fácil, también solía ser más sencillo.

Pero, en la era del petróleo difícil, la forma de rectoría “decretativa” es insostenible. Chicontepec lo ilustra. Lo de hoy es liderar, no decretar.