Escuchando a Lozoya

19 agosto 2017, 2:04 pm

IVONNE MELGAR
ORO NEGRO

Escuchando a Emilio Lozoya Austin sentí un auténtico rencor hacia los senadores.

Nunca como este jueves concluí cuán inútil ha sido esa Cámara para desamarrar el nudo de la impunidad y la corrupción.

Porque gracias a sus acuerdos inconfesables, el Sistema Nacional Anticorrupción sigue cojo y la Procuraduría General de la República (PGR) continúa dependiendo del Ejecutivo Federal, aun cuando la reforma política de 2014 estableció que debía ser autónoma y convertirse en Fiscalía.

Porque a causa de esos pendientes, México es el país donde no se sabe qué diablos pasó con Odebrecht, empresa brasileña que compró voluntades de políticos y funcionarios y pagó campañas electorales a cambio de licitaciones a modo.

Los brasileños investigaron que el gobierno de Lula da Silva se embolsó las propinas ofrecidas por la constructora.

Los peruanos documentaron que Ollanta Humala y su esposa habían hecho de las suyas con los millonarios moches.

Y en Guatemala se probó que entre los beneficiarios del soborno Odebrecht estuvo el exmandatario Otto Pérez Molina.

¿Qué tienen esos países que nosotros no? ¿Exfuncionarios talentosos para escabullirse de la justicia?

Es cierto que Lozoya mostraba un temple envidiable para personajes que perdieron la compostura frente a las preguntas de una rueda de prensa.

“A mí nunca me corrompieron. Lo que haya sucedido en otras partes del mundo lo leo. No me dedico al periodismo, una actividad tan noble…”, sostuvo el exdirector de Pemex, sin sobresaltos, acaso irónico.

¿Qué tienen esos países que nosotros no? ¿Abogados invencibles?

También es cierto que Javier Coello Trejo conoce los subterfugios de la ley y las debilidades de una PGR que no se caracteriza por el buen sustento de sus casos.

“Procederemos a demandar a la empresa Odebrecht y, obviamente, a los que falsamente están imputando al licenciado Lozoya”, anunció el exprocurador en la misma conferencia.

¿Qué tienen esos países que nosotros no? Simple y sencillamente, fiscalías autónomas.

Por eso era inevitable pensar en la postergada puesta en marcha de la Fiscalía General de la República y en el aún incierto futuro de un imprescindible ajuste: aclarar que el actual procurador Raúl Cervantes no será su primer titular.

Porque nunca hubo tanta urgencia de que la PGR deje de ser parte del gabinete y contar con un fiscal anticorrupción, otra designación pendiente del Senado.

Porque a esa PGR sin autonomía acudió Lozoya Austin ese jueves. Y de ahí al festejo mediático: “Hoy les comparto que en la carpeta de investigación que acabamos de revisar con mis abogados no existe un solo elemento de prueba o evidencias que acrediten que yo recibí dinero ni de ellos ni de nadie”.

Durante una hora, el exdirector de Pemex hizo como que contestaba todas las preguntas. Porque las del tema espinoso que gravita en la investigación periodística del Laboratorio Quinto Elemento y el periódico brasileño O Globoquedaron en el limbo: la presunta aportación de Odebrecht a la campaña presidencial.

“No tengo comentario sobre algún posible financiamiento ilegal en la campaña en el 2012”, reviró Lozoya, quien llevó las relaciones internacionales en el equipo de transición de Enrique Peña.

Le preguntamos si su salida de Pemex en malos términos —como se encargaron de hacerlo saber desde el gobierno federal— podía ser causa de lo que él llama falsas acusaciones.

El excolaborador de Peña y su abogado se dieron tiempo de actuar mirándose entre sí, para enseguida soltar un gesto de sorna y desaprobación, como el que ameritan los disparates.

Pero si sobre sus diferencias con el canciller Luis Videgaray guardó silencio, cuando se le cuestionó a qué podrían deberse los infundios, Lozoya elogió al Presidente por las reformas alcanzadas y no dudó en tomar el argumento de los peñistas de que la crítica viene de grupos lastimados por aquellas.

“Tengo la conciencia tranquila”, “Voy a limpiar mi nombre”, “Vengo a dar la cara”, fueron algunas de las frases del exdirector, quien incluso bromeó con la reportera que le preguntó si era suyo un departamento de Nueva York que las presuntas indagaciones periodísticas registran.

“Si es mío, me comprometo a darle la mitad”, reviró en medio de carcajadas de los asistentes.

Y en un alarde de lo poco que la PGR tiene contra su cliente, Coello Trejo pidió al periodista Ignacio Rodríguez Reyna de Quinto Elemento, ahí presente, que les pasara una copia de las pruebas que publicaron tener:  “Si usted nos hiciera a nosotros y al pueblo de México ese favor, para aclarar esto, entréguelas a la Procuraduría”.

¿Quién miente? ¿Los brasileños que involucraron a Lozoya? ¿O el mexicano que se protege en la inacción de la PGR?

Que la fe acompañe a quienes tienen una respuesta.

En mi caso, escuchando a Lozoya y a su abogado tuve sólo una certeza: quedan los días de 2017 para que el Senado saque sus pendientes, porque ya con los presidenciales perfilados, vendrá la parálisis legislativa.

Pero cuando prendí la grabadora y volví a escucharlos, comencé a resignarme… Con los senadores que no resuelven, la PGR que no investiga y el hoyo negro que será el caso Odebrecht para México. (Excelsior)