¿A dónde vamos a parar?

18 agosto 2017, 11:19 am

JUAN IGNACIO ZAVALA
ORO NEGRO

A los mexicanos les ha entrado la manía de fabricar culpables y de acusar de corruptos a quienes los gobiernan. Algo está torcido en un pueblo que piensa de esa manera. ¿Cómo es posible que piense que se quieren robar el dinero y que piden mordida del nivel más alto hasta el nivel más bajo?

Es increíble la desconfianza en las autoridades nada más porque piensan que son tranzas. Por ejemplo, ayer mismo dio muestra de su inocencia el señor Emilio Lozoya. Que él no tiene nada que ver con los actos de corrupción en que está involucrado –o en los que pretenden involucrarlo. Además, ya se lo dijo la PGR, esa institución que tantos éxitos ha tenido en este gobierno. Si se lo dijeron en la PGR ¿por qué dudar? ¿Cuál es la necesidad de no hacer caso a lo que dicen las autoridades que se han ganado la confianza y el cariño de sus ciudadanos? Claro, es que seguramente no es toda la gente, sino una minoría vociferante con perversos intereses políticos, la que se quiere imponer a través de los medios de comunicación.

Es claro que el señor Lozoya es inocente. También lo dice su abogado, el señor Coello Trejo, que fue famoso a finales del siglo pasado por comandar grupos de torturadores, asesinos y narcotraficantes. ¿Ustedes creen que si el señor Lozoya no fuera inocente una persona del prestigio de Javier Coello Trejo pondría en riesgo su reputación moral por defender a un corrupto malandrín? De ninguna manera.

Ahora bien, supongamos que el pueblo es perspicaz y que tiene algo de maleado, de mal pensado por alguna mala experiencia. Pero por qué no creer que el señor Lozoya que salía en los spots de la campaña de Peña Nieto, no tuvo nada que ver en la campaña y que jamás tuvo que ver con nada ni con nadie de esa campaña. Si piensan que eso no puede ser cierto es realmente porque no les da la gana. Porque entonces tampoco van a creer que de la noche a la mañana el señor Lozoya se haya hecho de todas las confianzas del Presidente y lo pusiera a la cabeza ni más ni menos que de Pemex. Eso pasa todo el tiempo y en todos lados: de pronto alguien te conoce y te nombra uno de tus mejores amigos y más leales colaboradores. Eso no se puede prestar a suspicacia.

Es probable que lo mal pensados de los mexicanos venga porque en algún momento a un gobierno y a un partido se le pasó la mano. Eso no significa que ya todo es robadera y corrupción. Nada de eso. Hay mucha habladuría en todo esto. La gente es muy chismosa. Que si Duarte, que si Borge, que si aquel que si el otro. Lo cierto es que la PGR todavía no dice algo firme y lo que ha dicho falta que lo ratifique un juez (el judicial es otro actor incomprendido por amplios sectores de la población por esa misma manía de no creer en las instituciones). Es la falta de cultura jurídica del pueblo la que permite hacer comentarios a la ligera. Porque Duarte igual y ni se chingó nada y todo es un mal entendido que puede aclarar cuando las autoridades se lo soliciten. Total, es un hombre de bien que se está sometiendo a juicio a pesar de los dimes y diretes del mundo del murmullo y la mentira.

Si se piensa mal de Lozoya y de Duarte así nomás ¿qué se pensará de Ruiz Esparza, de Pepe Murat y de tanta gente de bien en ese partido? Si el pueblo sigue mal pensando de todos ¿a dónde vamos a parar? Ni modo de meter a la cárcel a toda esa pobra gente que tanto se ha esforzado por los demás.

Twitter: @JuanIZavala