Auge, caída y oportunidades de la industria química y petroquímica en México

8 agosto 2017, 12:47 pm

MAURICIO DE MARÍA Y CAMPOS
ORO NEGRO

Para todos los que hemos seguido la evolución de la industria química y petroquímica de México en los últimos 40 años y estamos convencidos de su potencial de desarrollo, ha sido triste ver cómo ha caído este sector que, de representar el 8 % del PIB en los años 80, ahora solo contribuye con el 2 %.

La industria ha perdido importancia también en las exportaciones y el desarrollo tecnológico; en cambio, las importaciones son crecientes y generan ya un déficit considerable y en aumento para el país.

En 1980-1 visité China, Japón y Corea del Sur como integrante de delegaciones de la ONU y la SHCP. En los tres países escuché grandes elogios a lo que había logrado México en el área química y petroquímica.

La Cangrejera y el complejo Morelos fueron señalados como evidencia clara de la excelencia de ingenieros y técnicos mexicanos y de la capacidad de PEMEX. En Beijing, el vice-primer ministro Gu-Mu alabó la visión de México; subrayó el rezago de China al respecto y destacó la decisión de Deng Tsiao- Ping de construir una poderosa industria automotriz y petroquímica en el marco de su plan de desarrollo a 2010 y de la audaz apertura al exterior, asegurándonos que por esas fechas alcanzarían el PIB de EU.

Desde entonces China y Corea del Sur crecieron a tasas aceleradas cercanas a un 10 % en promedio y desarrollaron sus cadenas petroquímicas a partir de importaciones e innovación.

En cambio desde 1982 México ha crecido a un mediocre 2.3 % promedio anual con todo y TLCAN.

El valor agregado manufacturero y el sector químico y petroquímico han tenido una estrepitosa caída que debe valorarse hoy, al tiempo que reconocemos nuestro gran avance en producción y exportación de automóviles y autopartes.

Las causas de este retroceso son varias; aquí algunas:

1- La escasa inversión -pública y privada en el sector.

2- La división que mantuvo la legislación entre petroquímica básica y
secundaria; reservando al estado la refinación y la petroquímica básica y limitando la participación privada a la “secundaria”. Esta división artificial y la falta de inversiones y políticas públicas apropiadas contribuyeron a la parálisis en la inversión privada.

3- La apertura acelerada de la economía permitió importar cualquier producto requerido, frecuentemente a precios dumping.

4- La insuficiencia de financiamiento competitivo a largo plazo .

5- Rezagos en la infraestructura física y en particular de comunicaciones y transportes.

6- Ante este panorama adverso, la baja inversión en investigación, desarrollo tecnológico e Innovación.

Cuando se abrieron las oportunidades de inversión privada solo unos cuantos se lanzaron en grande y se realizó la primera gran inversión en 30 años, Etileno XXI, de Braskem (filial de la petrolera estatal Brasileña Petrobras) en asociación con el grupo mexicano IDESA.

Hoy esa empresa y Pemex en sus plantas de producción de etileno en el sureste se enfrentan a un faltante creciente del etano, la materia prima básica para el etileno, ya que han caído la producción de gas de PEMEX y su inversión en mantenimiento por la ordeña fiscal que le ha impuesto la SHCP desde hace varias décadas.

Urge examinar las posibilidades de reactivar y fomentar este sector de la economía, considerando la disponibilidad de recursos naturales y técnicos experimentados, las ventajas comparativas y el entorno nacional e internacional.

Con este propósito nos reunimos la semana pasada en El Colegio de México un grupo de 25 académicos, consultores y empresarios conocedores e interesados en el sector.

Algunas preguntas básicas que nos hicimos fueron las siguientes:

¿Qué implicaciones tendrán los nuevos patrones tecnológicos, productivos y de consumo energético en los próximos 12 años sobre la disponibilidad y los precios de petróleo, gas y otras materias primas para el desarrollo de proyectos petroquímicos?

¿Qué limitaciones y oportunidades presentan la reforma energética y las inversiones en marcha o comprometidas para el desarrollo de nuevas plantas petroquímicas y químicas en general?

¿Existen restricciones institucionales, de infraestructura o de falta de recursos humanos? ¿O sigue siendo la principal limitante la permanente exacción fiscal y la incapacidad de Pemex para operar como una empresa competitiva de estado?

¿Qué estimaciones y tendencias habría de oferta y demanda l de aquí a 2030 en los principales grupos de productos?

Se consideró importante dividir a la industria química en industria petroquímica básica (inversiones de 500 a 3,000-5000 millones USD) y de especialidades (5 a 500 millones de USD) más flexibles y de mayor valor agregado.

Se advirtió que ambos tipos de plantas requieren un mercado de un tamaño mínimo para ser viables, y este mercado lo tenemos en México, además de una localización geoestratégica en Norte América con puertos hacia el Pacífico y el Atlántico.

Bastaron algunos ejemplos de Lars Christianson, para ver la gran demanda que existe en la economía mexicana de especialidades químicas, que hoy se satisface de manera creciente con importaciones: fertilizantes; aditivos para cosméticos, plásticos para empaque; plásticos de ingeniería y hules especiales para la industria automotriz; dispersantes de concreto, impermeabilizantes y pinturas para la industria de la construcción; emulsificantes y secuestrantes para la industria petrolera y agentes curtientes para tenerías.

Parecería que este sector se puede reactivar más rápidamente con apoyos de fondos privados, NAFINSA y CONACYT y cooperación entre universidades y empresas. En estas áreas, y otras más, se sugirió avanzar en la identificación y evaluación preliminar de proyectos con apoyo de consultores especializados.

Pero donde se centró la reunión fue en la necesidad de reactivar la industria petroquímica básica, donde solo mediante la decisión audaz de PEMEX y el sector privado será posible aprovechar las instalaciones abandonadas –y subutilizadas para allegarse con inversiones en infraestructura y modernización los suministros importados de etano y otras materias primas básicas que hoy día se producen en cantidades insuficientes.

Un excelente estudio detallado sobre la cadena gas- etano- etileno presentado por Antonio Juárez de Marcos y asociados, propuso:

a.- Importar líquido de gas natural y aprovechar la infraestructura existente en torres fraccionadoras para obtener etano
b.-Importar etano de los EUA . Se requiere poner una terminal especializada en Coatzacoalcos para recibir el etano líquido (condiciones criogénicas).

En ambos casos se requeriría analizar los costos, ya que sin duda el etanol importado va a ser más caro que el etano nacional, y ver si el costo marginal de importar etano es menor que la contribución marginal que va a arrojar la nueva producción a partir de inversiones complementarias en los ya vetustas Cangrejera y Morelos; es decir, determinar si se trata de una alternativa que vale la pena.

En un marco de largo plazo se consideró necesario el análisis de nuevos complejos de producción de etano en el noreste del país, para aprovechar el gas húmedo que pueda provenir de la cuenca de Burgos- una solución que sería factible entre 2025 y 2030. El puerto industrial de Altamira se juzgó conveniente.

En el documento básico de la reunión, además de la cadena etano- etileno- polietileno u óxido de etileno se consideró que México debería considerar a futuro otras áreas de la petroquímica básica en las que hay rezagos y oportunidades como las de fertilizantes, la cadena propileno-polipropileno, xylenos-gasolinas y la cadena polietilen tereftalato- óxido de etileno.

Vaya tarea pendiente para Pemex y la industria privada nacional. En ambos casos se requiere una nueva visión estratégica de estado y empresarios “schumpeterianos” dispuestos a tomar riesgos de largo plazo y apostar por el México del futuro en un marco global y de la economía del conocimiento.