País huachicolero

8 mayo 2017, 12:15 pm

FRANCISCO ZEA
ORO NEGRO

Supongo que para casi todos los mexicanos, comprar películas pirata, significa joderse a los grandes estudios  cinematográficos de Estados Unidos. Es una rebelión justa, que encuentra su justificación a partir de la desmantelación de la maquinaria ideológica que significa Hollywoood.

El nuevo escándalo nacional es el de los huachicoleros. Hasta en los términos somos exactos y exquisitos. A quién carajo le importa que los que se roban combustible de los ductos de Pemex sean huachicoleros o culeros simples y sencillos. Son rateros, pero armados y sin entrañas. Mataron por error a un pequeño de dos años y violaron a su madre y hermana. Lo anterior no tiene nombre ni vergüenza. Es un acto ignominioso y de brutal violencia, pero lo que más me preocupa es que también tiene un componente de maldad indisoluble total.

Nos encontramos ante el brutal escenario que hay en una franja entera del estado de Puebla, en donde estos señores han podido establecer un verdadero feudo. Roban combustible, lo venden y si se encuentran un vehículo de conformidad a sus pretensiones lo toman con las vidas y la honra que esto signifique.

Lamento molestar a mis queridos lectores, pero les tengo que informar que somos responsables solidarios del desmadre que hoy vivimos. Somos parte del problema porque hemos decidido vivir en el filo de la ilegalidad desde hace mucho tiempo.

Supongo que para  casi todos los mexicanos, comprar películas pirata, significa joderse a los grandes estudios  cinematográficos de Estados Unidos. Es una rebelión justa, que encuentra su justificación a partir de la desmantelación de la maquinaria ideológica que significa Hollywoood. Pero a final de cuentas estamos creando la base financiera para que el primer eslabón del entramado de financiamiento del crimen sea viable.

En palabras simples, si compramos piratería les damos recursos a los criminales, eso siempre se pierde de vista. Para ser  más serios todavía, los patrocinadores de los huachicoleros que mataron a cuatro soldados, son aquellos que les compraron combustible de cualquier tipo. Con el dinero que sacaron han comprado armas y voluntades. Y hoy están listos para defender un negocio muy redituable a pesar de los riesgos.

En este mismo espacio, en su momento, alerté de la intervención de Romero Deschamps, líder del sindicato de trabajadores petroleros, en el sentido de que impidió de forma sospechosa la compra de un sistema que podía en tiempo real, alertar de cualquier baja de presión en las tuberías de Petroleos Mexicanos. La compra que hizo Pemex, fue de un sistema caduco e inoperable, además trascendió con fuerza que Romero fue el gran operador de esta gran ignominia.

Mientas rateros como Romero están operando en su beneficio, los ciudadanos estamos muertos de miedo. Pero el raterillo de marras, estoy seguro, no pudo calcular el daño y la peligrosidad de los grupos que protegió.

Le crecieron los enanos al payaso del circo. Bueno, en realidad las ratas mordieron a la rabia. Hoy los huachicoleros se han vuelto tan importantes en violencia y ganancias como los narcos. Y estos lores son hijos de un país plagado de impunidad.

Ahora resulta que hay pueblos enteros que venden combustible robado y que se encabronan cuando son evidenciados. La locura total y absoluta. Roban, pero poquito y al estado. Qué demonios nos está pasando. Es vidente que le abrimos otra persiana al crimen organizado.

Lo malo, la tragedia es que la normalidad se está apoderando de la legalidad. La ley no existe, salvo aquélla que atropella a los demás.