Javier Duarte, ascenso y caída de un gobernador

Nadie parece recordar la época en que Duarte pertenecía a esa estela de jóvenes gobernadores liderados por Peña Nieto que debía marcar un nuevo rumbo al país

15 abril 2017, 11:13 pm

JACOBO GARCÍA
ORO NEGRO

CIUDAD DE MÉXICO.- Con solo 43 años y seis en política, el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, entró de lleno hace seis meses en la lista de los grandes villanos de México. El gran interrogante en México, el misterio de su paradero ha acabado hoy con su detención en un resort turístico de lujo de Guatemala, Panajachel, de solo 10.000 habitantes.

Acusado de enriquecimiento ilícito, abandonado por sus colaboradores y expulsado de su propio partido, el PRI, a Duarte le quedaban todavía dos meses en el cargo pero se apartó del mismo “para defenderse” de 53 denuncias que van de fraude a lavado de dinero.

Sin embargo, desde que el 10 de octubre anunciase solemnemente que dejaba la presidencia y se convirtiese en el segundo gobernador en los casi 90 años de vida del PRI que se va antes de tiempo por corrupción, nadie sabía dónde estaba y era el centro del linchamiento político. Pocos días después, ya no se le veía en el campo de golf al que solía acudir y el líder de la oposición y futuro gobernador, Miguel Ángel Yunes, denunció que había huido en un helicóptero rumbo a Puebla y que de ahí voló a Ciudad Juárez. Otras versiones lo ubicaban en un domicilio en la zona del Desierto de los Leones, en la capital mexicana. En los últimos días, se especulaba con que estaba en Canadá y en la propia Guatemala.

Su desaparición frente a todos dejaba en mal lugar las promesas de renovación ética lanzadas por el presidente Enrique Peña Nieto que mantuvo en el cargo a Duarte durante seis años a pesar de las graves denuncias acumuladas. Sólo cuando fue un cadáver político incapaz de ganar las elecciones en su propia jurisdicción, el PRI se lanzó con saña contra él.

A ojos de los analistas y defensores de Derechos Humanos Duarte se ha convertido en el mejor ejemplo de un México corrupto que pervive en las regiones, arropado por los caciques políticos y empresariales.

En pocos años, Duarte pasó de trabajar como panadero en su juventud a tener decenas de empresas y casas en México y EE UU. Licenciado en Derecho, tiene una maestría por la Fundación Ortega y Gasset de Madrid. Sin embargo, la lotería le tocó el día que, con 31 años, se convirtió en el hombre de confianza del anterior gobernador, el polémico Fidel Herrera, ex cónsul de México en Barcelona.

En un tiempo récord, Duarte pasó de hacer recortes de prensa para el gobernador a convertirse en su mano derecha. A los 37 años años ganó la elección a Veracruz y seis años después tiene 35 kilos menos y decenas de denuncias por corrupción y señalamientos por violación a los derechos humanos

La Auditoría Superior de la Federación detectó irregularidades de miles de millones de pesos en las finanzas públicas. Paralelamente, la prensa reveló fraudes a los funcionarios y la Secretaría de Hacienda lo busca por pagos a 32 empresas vinculadas a él que habrían recibido contratos fantasma así como otras 15 que habrían incurrido en delitos.

Ya nadie parecía recordar la época en que Duarte pertenecía a esa estela de jóvenes gobernadores liderados por Peña Nieto que debía marcar un nuevo rumbo al país. Que debía dejar atrás todo aquello que había marcado al antiguo PRI: el clientelismo, la corrupción, la patrimonialización del poder.

Sin embargo, más allá de lo que podría haber robado, los analistas le reprochan a Duarte tres graves pecados a lo largo de su gestión. El primero, de eficacia: Veracruz está en quiebra económica y los homicidios han vuelto a cifras récord de 800 muertos anuales que han obligado al Gobierno federal a intervenir. El segundo, político: no fue capaz de retener políticamente Veracruz, el tercer Estado que más votos aporta en las elecciones nacionales, al caer derrotado en julio por primera vez en más de 87 años de hegemonía del PRI. Y el tercero fue legal y estratégico, ante el largo reguero de pruebas que él y sus colaboradores han dejado sobre su presunto enriquecimiento, algo imperdonable en política.

Aunque el PRI suspendió de militancia a Duarte y a ocho colaboradores, Yunes denunció por teléfono a este diario “una maniobra evidente” para evitar que pisara la cárcel. “Están simulando que actúan contra él porque ha pedido licencia para dejar el cargo pero mantiene el fuero que impide que sea procesado. Nunca volverá a ser candidato a nada y no le importa tener o no derechos políticos: lo que le importa es irse con las bolsas llenas y en total impunidad”, sentenció. El País