La frontera de EU tampoco se abre para la prensa

El reportero Martín Méndez, que había denunciado amenazas de muerte de policías federales, lleva más de 60 días en un centro de control migratorio en El Paso, Texas

10 abril 2017, 9:57 pm

ELÍAS CAMHAJI
ORO NEGRO

CIUDAD DE MÉXICO.- Solicitó asilo y terminó tras las rejas. El periodista mexicano Martín Méndez Pineda cruzó la frontera con Estados Unidos el pasado 5 de febrero para huir de las amenazas de muerte que recibió en el sureño Estado de Guerrero. Presentó todos los documentos necesarios, siguió el trámite al pie de la letra y acreditó que su vida corría peligro. Pero el proceso dio un giro. Las autoridades estadounidenses argumentaron que no tenía “lazos comunitarios sólidos” y que temían que huyera cuando fuera liberado para continuar con el procedimiento. Méndez lleva detenido más de 60 días en El Paso, Texas, sin certeza sobre su situación migratoria y con la angustia de volver a México, donde 103 periodistas han sido asesinados desde 2000.

“Es gravísimo, se criminaliza el asilo y se le niega la fianza sin ninguna razón, se tiene que entender como un ataque político a la comunidad mexicana en la frontera”, reclama su abogado Carlos Spector. La defensa acusa que se trata de una decisión “arbitraria” e “inhumana” y que es un reflejo de la nueva política migratoria que Donald Trump ha puesto en marcha desde su llegada a la Casa Blanca en enero pasado. “La represión es pareja, seas un solicitante de asilo o un inmigrante sin papeles, es un cambio hacia un Estado policial”, afirma Spector.

Méndez, de 26 años, trabajó como reportero del periódico Novedades de Acapulco. Denunció un ataque de policías federales después de publicar una nota sobre un choque entre una patrulla y un vehículo particular. “Elementos de la Gendarmería violan flagrantemente los derechos de los ciudadanos al tratarlos como delincuentes”, se lee en la crónica del 24 de febrero de 2016. Un mes más tarde seis hombres llegaron a su casa, le apuntaron con un arma y amenazaron con matarlo.

Méndez huyó a Tijuana, en el norteño Estado de Baja California, a más de 3.000 de kilómetros de Acapulco, pero ni el hostigamiento ni las llamadas a su teléfono móvil pararon, asegura en su solicitud de asilo. “Martín creció en Ciudad Renacimiento, una de las zonas más peligrosas de Acapulco, y desde pequeño estuvo en contacto con la violencia, pero ese último episodio fue la gota que derramó el vaso”, relata una amiga suya, que trabajó un año y medio con él en Novedades y que prefiere no revelar su identidad. Méndez, añade su colega, no estaba asignado a ninguna sección en particular, pero la mayoría de las veces cubría sucesos y notas policiales. Es “tranquilo, generoso, muy creyente” y “quería irse desde hace tiempo”, comenta.

El periodista aprobó a inicios de marzo el examen de miedo creíble, un examen que supone el primer paso en el proceso. En circunstancias normales, el solicitante continúa su caso después de ser puesto en libertad condicional ante un tribunal especializado. Pero el Servicio de Control de Inmigración (ICE) cree que existe el riesgo de que Méndez, que iba a quedarse en casa de una prima con pasaporte estadounidense, no atienda sus audiencias y permanezca sin papeles en Estados Unidos. “Lo sorprendente es que Martín ya pasó la prueba, que ya saben que su vida corre peligro y conocen las condiciones en México, uno de los países más peligrosos para los periodistas”, señala Emmanuel Colombié, representante para América Latina de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), que acompaña el proceso.

“Estuvo muy deprimido, al principio decía que prefería morir en México que estar en una cárcel de Estados Unidos”, comenta Spector. El abogado detalla que no se puede apelar la decisión y que solo se puede pedir una reconsideración a los mismos agentes que ya lo rechazaron. “La estrategia [del ICE] son detenciones prolongadas, me pueden tener un mes, dos meses, hasta un año… Me van a dejar salir en su momento, pero no sé cuándo, yo ya tendría que haber salido”, cuenta Méndez en una llamada grabada por su excompañera de trabajo en Novedades.

— ¿Temes por tu vida?

— Sí… al hacer esto público, te expones más (…) No pienso regresar, quiero aguantar un poco más, hasta que ya no pueda y luego veré qué pasa.

“Si se tomó una decisión por motivos políticos, vamos a responder con política”, desafía Spector. La defensa ha preparado un contraataque, con la presión de varias organizaciones civiles y de derechos humanos. No obstante, en palabras de Méndez, ni las autoridades federales ni estatales de México se han acercado. El proceso puede seguir por meses, con Méndez en cautiverio durante los pasos siguientes. Otra opción es que una casa de los columbanos, una orden de misioneros y sacerdotes católicos, lo resguarde durante el juicio.

“Es un caso muy importante porque puede sentar un precedente para los periodistas mexicanos y para los solicitantes de asilo en Estados Unidos”, atisba Spector. Cecilio Pineda, otro reportero guerrerense, fue asesinado el pasado 2 de marzo y en un espacio de tres semanas fueron ejecutados la chihuahuense Miroslava Breach y el veracruzano Ricardo Monluí. En Reporteros Sin Fronteras se dicen “preocupados” por las violaciones de derechos humanos y la falta de respeto a la dignidad de los periodistas que piden protección. “Tememos que con la nueva política de Trump haya más casos y esto se refleje en el trato que reciben los inmigrantes mexicanos en general”, advierte Columbié.