A Pemex no le interesa hacer más productivas a sus refinerías

Los mismos datos de Pemex dan cuenta de una preocupante e inexplicable indecisión para asignar los contratos de mantenimiento que se necesitan, para hacer rendir las plantas a una capacidad, al menos, decorosa.

17 Marzo 2017, 9:13 am

PLÁCIDO GARZA
ORO NEGRO

Por un lado, los accidentes dentro de sus instalaciones, van a la alza. Por otro, su producción disminuye a niveles récord, y por el otro, sus finanzas parecen ir en caída libre.

La aparición de dos… o uno solo de estos factores, son suficientes, en una empresa privada, para asestar un golpe de timón, o de perdido, un manotazo en la mesa.

La otrora –¿o aún lo es?– caja chica de los presidentes, y también de uno que otro expresidente asociado con los Bush, vive un escenario tan confuso, que está siendo capitalizado internamente por quienes defienden a capa y espada sus ancestrales cotos de poder.

La llegada a la dirección de Pemex de José Antonio González Anaya parece estar siendo opacada por las pugnas intestinas que se traen quienes se supone deben alinearse a las prácticas de ahorro, eficiencia y rentabilidad, dictadas por su jefe.

Los mismos datos divulgados por la empresa hablan de accidentes, improductividad y falta de flujo.

Bueno, también hablan de otra cosa: No se acaban las canonjías de que gozan las rémoras sindicales que sangran una buena parte del presupuesto de la paraestatal.

Tampoco se acaban los negocios que funcionarios de alto y no tan alto nivel de Pemex siguen haciendo a costa de contratistas nacionales y extranjeros.

Si lo dudan, ahí están las francachelas “deportivas” de un evento nacional del sindicato, que le costó a Pemex $70 millones de pesos y los festejos multimillonarios del recién descubierto en Madrid Romero Deschamps y sus secuaces.

Bueno, en realidad, todo eso nos costó a los paga-impuestos.

Tampoco se acaban las descomunales prestaciones de que gozan los jubilados, los pensionados por accidentes reales o ficticios y la parvada de aviadores que siguen pululando desde tiempos de la Quina… y desde antes.

No terminan tampoco las prestaciones palaciegas de que gozan los primeros y hasta medianos niveles de la “administración” de la paraestatal.

Los mismos datos de Pemex dan cuenta de una preocupante e inexplicable indecisión para asignar los contratos de mantenimiento que se necesitan, para hacer rendir las plantas a una capacidad, al menos, decorosa.

Esa merma en el rendimiento de las refinerías le está costando muy caro al País, porque la mayoría de las gasolinas que se consumen en México son importadas. Paradoja inexplicable de un país petrolero como el nuestro.

Un exdirector de Pemex y un experto en mantenimiento de refinerías a nivel mundial me dijeron que a la paraestatal le urge lanzar un programa de mantenimiento preventivo, que lleve la producción por lo menos al 70% de su capacidad, porque la actual apenas llega a la mitad.

El problema es que uno de los principales clientes mexicanos de Pemex me dijo hace poco que a la paraestatal no le interesa para nada hacer más productivas a sus refinerías y otras plantas. Las razones, datos y evidencias que me dio este amigo, son materia de otra columna y de uno que otro reportaje.

La mejor época para dar mantenimiento en Pemex ocurrió después de que pasó la demanda pico del verano, en el otoño.

Precisamente, el pasado noviembre fue el mejor momento para que las refinerías hicieran sus paros para darles mantenimiento y ganar terreno en los tres mismos frentes descritos al inicio de este artículo:

1.- Aumentar la producción de las plantas.

2.- Mejorar las finanzas de la empresa, a pesar de los bajos precios del petróleo.

3.- Y con un mejor mantenimiento, disminuir los accidentes.

Existen muy buenas opciones para que Pemex permita el mantenimiento de sus instalaciones, sin que la paraestatal desembolse ni un solo centavo.

El esquema financiero que rige no sólo a Pemex, sino a las más importantes petroleras del mundo, consiste en que el mismo responsable del mantenimiento, se encarga de pagar a su personal y los materiales y equipos que se requieren para la obra.

Y con las eficiencias logradas por Pemex, léanse ahorros e ingresos, se le paga al contratista.

O sea, del mismo cuero salen las correas. Y ¿saben qué?, la bondad adicional de este mecanismo es que la empresa no contrae más deuda, que es otro de los ejes en que se sostiene la nueva administración.

Esto lo sabe perfectamente el director de Pemex. Lo saben también sus colaboradores.

Y ¿saben qué no ocurrió en noviembre pasado? La mejor temporada para dar mantenimiento no se aprovechó. Lo único que hicieron unos directores fue citar a los contratistas que realizaron ese trabajo en el 2015 sin contrato de por medio, para que firmaran esos respectivos documentos y ahora sí, pagarles casi dos años después. Quién sabe si ya les pagaron, pero los citaron a todos, incluso el mero 24 de diciembre.

Quienes fueron convocados a la Torre de Pemex creyeron que además les iban a encargar los mantenimientos que tanto necesitan las plantas, y se llevaron un palmo de narices.

Estamos seguros de que el director de Pemex y su círculo más cercano de colaboradores ya saben esto. Y si es así, ¿Qué esperan? (El Orizonte)

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