Presentan con éxito, “Isla de sombras y fantasmas” de la escritora cubana Altinay Pérez

Altinay Pérez González nació en Ciego de Ávila, Cuba, y es graduada de doctora en Medicina en la Facultad de Ciencias Médicas de la Habana; es especialista en Neurocirugía en el Hospital clínico-quirúrgico Hermanos Amejeiras y fue miembro del Centro de formación literaria, Jorge Cardoso, desde el 2003, así como fundadora y directora del grupo de teatro universitario Utopía.

10 febrero 2017, 12:37 pm

 

SAMUEL L. SOTO GILES
ORO NEGRO

VILLAHERMOSA.- La escritura de Isla de sombras y fantasmas fue algo de terapia porque de lo negativo salió algo maravilloso, confiesa la cubana Altinay Pérez González, durante la presentación de su obra la tarde de este jueves en el Museo Regional de Antropología Carlos Pellicer Cámara.

Revela que el libro, que escribió hace cinco años, tiene mucho de la Cuba de la actualidad, tiene mucho de autobiográfico porque se le dificultó mucho la salida de Cuba –aunque es especialista en neurocirugía– y es algo triste escribir de lo que le dolió, que le afectó.

“Cuba es de un solo hombre, no tiene un proyecto político”, resume Pérez González.

La novela Isla de sombras y fantasmas, fue editada por el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco.

Acompañada de la directora del Instituto Estatal de Cultura, Gabriela Marí Vázquez, del director del Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco, Juan José Martínez Pérez, y de los poetas Pablo A. Graniel y Ulises Rodríguez, la narradora fue directa a la lectura de uno de los capítulos, El Cocodrilo:

Este capítulo que tiene el epígrafe de Gavrila Romanovich: “Soy un zar, soy un esclavo, soy un gusano, soy Dios. Derzhavin lo ha de haber escrito pensando en nosotros”, consta de un solo párrafo.

La escritora cubana, que es especialista en neurocirugía formada en Cuba y que labora en el Hospital del Niño de Villahermosa, lee:

–El cocodrilo es un tipo contradictorio. Me explico; lo ves así, un típico mulato de la calle. Pelado al rape, toda la dentadura cubierta de oro. Según él mismo tiene más de una novia extranjera. Dice que él es un luchador. Hasta ahí todo coincide; pero cuando habla se nota un nivel cultural, un conocimiento superior al que podría esperar de alguien con esa supuesta vida. Por otra parte, nadie sabe bien por qué se va, ni quien le paga el viaje. En fin, es como un misterio… o un chivato… ¿Quién pudiera saber? –Mabel ríe maliciosa.

Altinay Pérez González nació en Ciego de Ávila, Cuba, y es graduada de doctora en Medicina en la Facultad de Ciencias Médicas de la Habana; es especialista en Neurocirugía en el Hospital clínico-quirúrgico Hermanos Amejeiras y fue miembro del Centro de formación literaria, Jorge Cardoso, desde el 2003, así como fundadora y directora del grupo de teatro universitario Utopía.

Posterior a la presentación, la escritora Pérez González dice en entrevista a Oro Negro que Cuba vive una involución, que con la Revolución lo importante no es quién eres, sino lo importante que eres o cuánto vales.

–Esta es una manera para mí de explicar qué es lo que realmente sucedió con los cubanos –dice y detalla que con la revolución todas las personas pudientes salieron del país, que quedó la población pobre que no pudo irse y algunos ricos que se quedaron se convirtieron en pobres porque los embargaron, les quitaron todo.

Altinay, delgada, vigorosa, de vestido negro, con zapatillas plateadas, de plataforma, expone que con la nacionalización les fueron quitando el patrimonio a las personas y las familias de tradición azucarera o ganadera terminaron en la pobreza más absoluta, prácticamente en la miseria.

–Si alguna vez dijeron o prometieron que iban a hacer a todos iguales, sí lo cumplieron, los hicieron a todos iguales de miserables.

La escritora relata que perteneció a la clase política en Cuba.

–Fui dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba, fui parte de ese sistema; en un momento determinado me di cuenta de que ese castillo de una sociedad justa que nos presentaban no era real, que era una forma de dominar a la mayoría, que era una manera de vender una idea, por así decirlo,

Asegura que en realidad todos los cubanos son víctimas, incluso los comunistas más acérrimos también son víctimas, por el lavado cerebral a que constantemente están sometidos desde la primaria, secundaria, prepa, “o estás con nosotros, o estás en contra de nosotros, no se admiten tintes intermedios”.

–No me preguntes cómo, pero de alguna manera desperté de ese lavado cerebral y me di cuenta que la realidad no era la que me estaban vendiendo, sino que estaba sucediendo otra, y esa contradicción me hizo despertar a lo que era en realidad; fue cómo que me quitaron una venda de los ojos y empecé a ver la vida desde un punto de vista completamente diferente.

En ese momento, dice, el sistema la calificó de estar en contra del sistema, de ser contrarevolucionaria.

–Entonces, me someten al escrutinio del sistema, porque además ya había escrito libros de crítica social, y si escribes lo haces de lo que en realidad piensas.

–¿Cuál es el futuro de Cuba?

–En Cuba puede venir una transición pacífica, que no sea necesario llegar a la violencia o a una guerra, para que al final Cuba vuelva a colocarse en lo que era antes de 1959, uno de los país más desarrollados de américa latina, en donde los niveles de analfabetismo estaban muy por debajo de la mayoría los países de américa.

“En 1901 se erradicó en Cuba la fiebre amarilla porque el médico Carlos Juan Finlay descubrió que su transmisión era por un mosquito, entonces el desarrollo de la medicina no empezó con la revolución sino mucho antes”, puntualiza.

–De su estancia en Villahermosa, ¿ya tiene material para otra novela?

–Sí, hay mucha tela de donde cortar –asienta entre sonrisas.

La novela es esperanza de libertad

El poeta Ulises Rodríguez Guzmán inicia la presentación de la obra literaria con la lectura de un párrafo con el que muestra como la autora da vida a objetos inanimados:

“Cuando cruzó la calle G sintió que el tacón del zapato tembló un poco, pero estaba demasiado apurada para detenerse; debió haberlo hecho porque al llegar al hospital, casi se cae cuando el tacón quedó en medio de la calle. Lo vio allí tan triste en el pavimento húmedo, por el salidero perenne del baño de la sala de terapia. De momento no supo qué hacer con su desesperación. El único par de zapatos que tenía, y ahí estaba el tacón, siniestro, catastrofista”.

 “La novela Isla de sombras y fantasmas es otra realidad que se suma al retrato de quienes no conocemos Cuba más allá de las páginas que hemos leído: Guillermo Cabrera Infante, Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Alejo Carpentier. O de la música de Compay Segundo, Omara Portuondo, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Carlos Puebla, Carlos Varela, etcétera, expone ´Rodríguez Guzmán.

Al referirse a uno de los protagonistas, consideró que Simón Solo no es únicamente el adivino “que hablaba con los espíritus del monte”, el protegido de los Orishas y demás dioses llegados al caribe desde las lejanías africanas en tiempos de gloria, es el rito, el conjuro donde se refugian la pobreza y la riqueza: es la viva imagen del atardecer como un daguerrotipo familiar, la instantánea del filo que corta la cabeza al ciervo en honor a las deidades, la sangre que se derrama, la magia blanca oponiéndose a la magia negra y sus muertos sin remedio.

Así, Altinay Pérez González describe desde una latitud de ciénagas, manglares, y cañaverales el amor prohibido que se convierte en el lazo de las generaciones que transitan entre la libertad y la muerte, traducidos en el desencanto de una revolución contradictoria que sólo dejó en pie las ruinas de la casa de los abuelos, en medio de un jardín que desaparece bajo la voracidad del monte y el silencio estoico de Ana de la Caridad, su hija Irene y Ana Zifonte Caro.

Persiste el aroma a galán de noche hasta el final de los días de la abuela Yaya, los fantasmas que recorren la finca del Jagüeyal se ocultan en los rincones y terminan convertidos en sombras que rescata la memoria de la doctora Zifonte Caro antes de partir al horizonte donde recordará la luz del sol mientras su cuerpo se hunde, casi inconsciente en las aguas turquesa de un mar insomne.

Rodríguez Guzmán dice que en la novela Isla de sombras y fantasmas el paisaje de tradiciones, costumbres y creencias se vislumbra en las ferias de diciembre en la carpa donde se exhiben seres extraordinarios cada año. Justo ahí nacerá el deseo de Ana de la Caridad por Leonardo, el peón que se apropia de la virginidad de la niña de la finca en medio del silencio y la soledad que habitan la guardarraya, donde Irene será concebida.

La doctora Altinay Pérez González nos comparte, dice, en esta breve novela llena de ironía la ilusión, los amores, la envidia, una guerra ajena y sin sentido hasta el derrumbe del comunismo y sus penurias. No hay secretos ni misterios que no se revelen los ojos de la protagonista, nos toparemos con su mirada en cada uno de los párrafos, nos conduce al encuentro y desencuentro de cada personaje.

La dinastía Zifonte Caro se impone. No importan las negativas a sus cartas, su voluntad persiste, el hambre y la pobreza no disminuyen la esperanza de libertad, las ansias de maternidad queman su sangre sin importar la penuria de las picaduras de los mosquitos y los jejenes. Es necesario cruzar el mar, rebelarse contra las estadísticas dominadas por la muerte.

El poeta tabasqueño asegura que la lectura amena, fluye sin contratiempo por cada historia que conforma Isla de sombras y fantasmas: partimos al amparo de la oscuridad del alba, del viento que empuja la última luz del día para encontrarnos en el otoño de los amores en busca de una tierra nueva donde “El mar vestía un traje negro lustroso en el que apenas se notaban las arrugadas olas”.