El mundo sin petróleo se acerca… y no será el apocalipsis

5 Febrero 2017, 2:02 pm

DAVID PAGE/MARTHA GARCÍA ALLER
ORO NEGRO

MADRID.- Cuando en 1980 se estrenó Mad Max, la hipótesis de un futuro apocalíptico en el que la escasez de combustible ponía el mundo patas arriba no parecía ciencia ficción. Aquel Mel Gibson pasando penurias en la carretera reflejaba los miedos de un mundo real en vilo por el precio de la energía disparado, los pozos de Irán e Irak en llamas por la guerra y el decreto de restricciones.

Sin embargo, Mad Max se equivocaba. El último barril de petróleo que se queme en el planeta no costará millones, valdrá cero. Y no será el último porque se acabe, sino porque el siguiente nadie lo querrá.

Preocuparse por cuándo se acabará el petróleo es muy del siglo XX. En el XXI la nueva duda es cuánto tiempo más querremos seguir utilizándolo.

El oro negro que ha movido el mundo en los últimos 150 años dejará de ser su motor económico. “Ya ha dejado de serlo”, matiza Daniel Lacalle, director de Inversiones de la gestora de fondos Tressis y autor del libro La Madre de todas las batallas: La energía, árbitro del nuevo orden mundial.“Va desapareciendo como elemento protagonista de energía primaria, es inexorable. Es una tendencia similar a la del carbón, que fue la base de la industria y del crecimiento hasta que aparecieron alternativas”.

El gran temor en torno al petróleo –aparte de la subidas inasumibles de precio- había girado hasta ahora en torno al fatídico momento en que la producción alcanzara techo (el peak oil) y se volviera cada vez más agónicamente escaso. Desde que en 1859 se extrajo el primer barril de petróleo en Pensilvania (EEUU) la demanda no ha dejado de crecer. ¿Y si se agotaban los pozos existentes? Era la peor pesadilla del progreso mundial.

“Ha habido un cambio de paradigma”, explica Roberto Ruiz-Scholtes, director de Estrategia de UBS en España. “Ahora la perspectiva del mercado es que no va a haber un pico en la oferta sino en la demanda de hidrocarburos”.

Hasta la OPEP, el mítico cártel de los países exportadores de crudo, acepta ya que lo que se acerca es el pico de demanda (peak demand), el momento en que el consumo de petróleo toque techo y entre en un permanente declive. En lo que no hay acuerdo es en los plazos.

El penúltimo barril
Lo que ha cambiado las reglas de juego han sido los últimos avances tecnológicos. Primero, porque han hecho posible explotar las reservas en aguas superprofundas y aprovechar los hidrocarburos no convencionales (los atrapados en rocas, los que estaban inundados de arena…) de tal forma que ese fin del petróleo que se veía tan próximo no ha hecho más que alejarse cada vez más.

Además, el desarrollo de energías alternativas las ha vuelto cada vez más eficientes. Según los expertos, acabarán reemplazando los combustibles fósiles.


La OPEP reconoce como el escenario futuro más probable una caída de la demanda global a partir de 2040. Aunque reconocen que podría tocar techo mucho antes, hacia 2029, si una mayoría de países se toma en serio las medidas contra el cambio climático acordadas en la Cumbre de París. En tal caso, contemplan que el consumo mundial escale desde los 94 millones de barriles diarios actuales hasta un máximo de 100,9 millones dentro de apenas una década, para iniciar entonces su lento declive.

Estudios de organizaciones ecologistas, como el publicado este año por el Grantham Institute y Carbon Tracker Initiative, son mucho más optimistas y adelantan el pico de demanda a 2020. Según sus cálculos, la energía solar podría cubrir el 23% del suministro mundial en el 2040 y el 29% en el 2050.

El cambio, sin embargo, no será de la noche a la mañana. El petróleo representa todavía el 31% de la demanda de energía primaria en el mundo (y sólo un 13% las renovables, incluyendo la hidráulica y la biomasa), así que su desaparición no será repentina. Tanto empresas del sector como países productores están preparándose para un nuevo mundo totalmente diferente al que conocíamos.

El otro gran dilema es el precio. Según el consenso del mercado, no va a subir mucho más de donde está ahora, o al menos no se volverán a ver las cotas de 100 dólares de hace apenas tres años. El nuevo techo ronda los 60/70 dólares por barril, porque a partir de ese umbral sale rentable el fracking y las extracciones en aguas profundas que tanto temen los países productores tradicionales. “Además, si el precio de hidrocarburos sobrepasara ese techo, se incentivaría aún más la inversión en energías alternativas y decrecería la demanda”, apunta Ruiz-Scholtes.

Son muchos los factores que influyen en la estabilidad del consumo y de la cotización del petróleo. Las políticas de los países para frenar el cambio climático, el inexorable avance del ahorro energético en todos los campos, la cada vez mayor eficiencia y rentabilidad de las energías renovables, la gran apuesta por los coches eléctricos y de biocombustibles, el salto de muchos sectores industriales al gas natural, los avances en las nuevas baterías que permitan almacenar electricidad a pequeña y gran escala…

Es la combinación de estos factores, aún incipientes en algunos de los casos, lo que anticipa una estabilidad de precios así como el estancamiento a medio plazo de la demanda de petróleo antes de entrar en caída permanente.

“El error típico de los miembros de la OPEP ha sido pensar que forzando que el petróleo bajara de precio, los europeos dejarían de construir coches eléctricos y no se invertiría en fracking”, comenta Lacalle, que ha asistido a varias de estas reuniones de los países productores. “Les costaba entender que el mundo ya no es así. La gente no dejó de comprar teléfonos Nokia por su precio, sino porque encontraron una alternativa mejor en los smartphones. Y la tecnología no para, sigue avanzando”.

Las compañías energéticas se han puesto las pilas para ganar una eficiencia ahora crucial en sus márgenes en la era de petróleo más barato de los últimos años. Mientras los precios eran altos, las empresas no se preocupaban demasiado por reducir costes, pero ahora han aprendido -por obligación- a ser rentables con el petróleo barato.

“La actitud de Arabia Saudí ha consistido tradicionalmente en bajar precios e incrementar producción para echar del mercado a los productores menos competitivos”, explica Gonzalo Escribano, director del programa de Energía del Real Instituto Elcano. “También era su forma de reducir el incentivo a investigar en las energías limpias. Sin embargo, la tendencia ha cambiado porque hay un desacoplamiento de las energías renovables al margen del precio del petróleo”. La mejor prueba, según él, está en el mercado: “Ya no decaen las inversiones en renovables cuando el petróleo cae, lo que demuestra que es una tendencia imparable”.

En los últimos dos años, el precio del petróleo ha pasado de estar por encima de los 100 dólares a rondar los 55, pero las inversiones en renovables están hoy en máximos. “Los costes de generar energías alternativas han caído tanto que ahora son competitivas sin grandes apoyos, así que a las petroleras no les ha quedado más remedio que tomárselas en serio”, dice Lacalle.

Sin embargo, los expertos coinciden en que en los próximos 20 años no va a desaparecer el petróleo de la ecuación. “Los escenarios más optimistas contemplan el pico de demanda en la próxima década”, recuerda Escribano. El primero de los combustibles fósiles del que está previsto prescindir es el carbón, el segundo el petróleo y el tercero el gas. “En función a su nivel de contaminación”, añade. “Como muy tarde en 2050, según la política europea, tenemos que estar descarbonizados”.

Reconversión
Varios integrantes de la OPEP han puesto en marcha planes de reconversión total con el objetivo de diversificar su economía y cortar con su total dependencia de los ingresos petroleros.

Preparándose para el fin del mundo que sólo consumía más y más petróleo, Arabia Saudí, el mayor productor mundial de crudo y líder virtual de la OPEP, ha lanzado un plan de transformación de su economía para acabar con su “adicción al petróleo”, según las propias palabras del príncipe heredero, Mohamed Bin Salmán.
El plan saudí incluye la creación de un macrofondo soberano de dos billones de dólares para invertir en otros sectores, la colocación en bolsa de un 5% de la joya de la corona del país –el gigante petrolero Aramco- y luego de también una parte de sus filiales. Entre las medidas adicionales se contempla la inversión de entre 30.000 y 50.000 millones de dólares en energías renovables hasta 2030.

Una estrategia que ya está siendo secundada por sus vecinos del Golfo, también integrados en la OPEP. Varios de los Emiratos de la zona ya se han lanzado a promover las energías limpias para producir su electricidad y a la inversión en el exterior para recortar su dependencia del petróleo.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE), el órgano de análisis de las políticas energéticas de los países de la OCDE –los consumidores del crudo-, también maneja como escenario más plausible un incremento sostenido de la demanda global de petróleo al menos durante los próximos 25 años, alcanzando los 117 millones de barriles diarios en 2040.

Sin embargo, la AIE incluye en sus proyecciones un escenario que adelanta, y mucho, el tope de consumo mundial. Según sus últimas estimaciones, en caso de que hubiese una acción concertada por impulsar realmente la lucha contra el cambio climático y como consecuencia las renovables disparasen su producción, el consumo máximo se podría tocar ya en algún momento próximo a 2020 y “al final de la próxima década la demanda caería en más de un millón de barriles de petróleo cada año”, explica la AIE.

La cuenta atrás para la reconversión apremia si se cumple el escenario de uno de los gigantes del sector, el grupo angloholandés Royal Dutch Shell, que augura que el techo de la demanda de crudo se alcanzará en algún momento entre los cinco y los quince próximos años. “La demanda tocará techo antes que la oferta. Y ese pico será provocado por la eficiencia energética y la sustitución, que compensarán la mayor demanda de crudo del sector del transporte”, anticipó el director financiero de Shell, Simon Henry, en una conferencia el pasado noviembre.
Algunos de sus rivales, sin embargo, retrasan el inicio del declive. ExxonMobil o BP auguran que, aunque la demanda irá creciendo más lentamente en las próximas décadas, el pico de demanda no se producirá hasta más allá de 2040, gracias al incremento del consumo de los países emergentes.

El boom del coche eléctrico
El número de vehículos eléctricos es la parte más visible del cambio de modelo. De 1,2 millones en 2015, el número de nuevos coches enchufables superará los 100 millones en 2035, según las proyecciones de BP. Estamos en el comienzo de un crecimiento que Nick Butler, ex directivo de la petrolera BP y analista del Financial Times, compara “con el crecimiento de las computadoras y teléfonos móviles en la década de 1990”. Pasamos de la nada a un día darnos cuenta de que todo el mundo los tenía.

A esto hay que sumarle el incentivo que supone que las mayores ciudades del mundo, entre ellas Londres, Berlín, Madrid y Pekín, están dispuestas a introducir limitaciones al tráfico tradicional que hacen de los vehículos eléctricos “la única opción racional para los automovilistas”, según Butler.


“Los analistas ya consideran que el sector del motor está en declive, en pleno cambio estructural”, afirma Ruiz-Scholtes, de UBS. “Aunque los fabricantes se reconvirtieran hacia los coches eléctricos, éstos tienen menos márgenes que los tradicionales y menores barreras de entrada”.

La clave para saber que el petróleo ha pasado a la Historia es el transporte, pero el aéreo. “Cuando deje de necesitarse para los aviones”, afirma Lacalle. “Ése es el verdadero fin del petróleo. No va a verse en las restricciones que marquen los alcaldes a los coches, sino cuando las energías alternativas y los combustibles sintéticos sean lo que utilizan los aviones”. Durante la última década los avances en este campo liderados por los fabricantes aeronáuticos y las propias aerolíneas han sido constantes, aunque nadie se atreve a poner una fecha a la sustitución del queroseno por combustibles verdes.

La empresa que simboliza la nueva era es Tesla, que quiere pasar de ser el fabricante de coches del futuro (eléctricos y autónomos) a revolucionar el mundo energético con la mayor planta de baterías del mundo. Acaba de inaugurar la primera en California capaz de alimentar 15.000 hogares durante 4 horas. Planea, además, que las baterías Tesla sean un electrodoméstico común pensado para integrar las renovables y el autoconsumo en las casas.

Todavía ningún tipo de combustible se mide de tú a tú con el petróleo. “Pero están avanzando rápidamente en la cadena de eficiencia y mejora tecnológica”, añade Lacalle. “En este proceso desinflacionista de la energía, ninguna energía alternativa está llamada a ser el gran rival. Será la combinación de todas ellas, siempre lo ha sido. Cuando las alternativas sean más baratas y más fáciles de almacenar sustituirán al petróleo igual que éste sustituyó al aceite de ballena, y no fue por salvar a estos animales, sino porque era más eficiente”.

El nuevo escenario mundial
El mundo tal y como lo concebimos, su división en países ricos y pobres, en poderosos y estratégicos, se debe en una media u otra al papel que han jugado en el reparto energético global. Si el petróleo dejase de ser la fuente principal del transporte, cambiaría mucho más que el tipo de medios de transporte. De lo que vamos camino, con el declive del petróleo, es de una nueva geopolítica mundial.

“El petróleo es la mayor transferencia de renta de la historia de unos países a otros”, explica Escribano, del Real Instituto Elcano. “Los países compradores estamos transfiriendo a los productores más dinero del que jamás se ha transferido en la Historia. Más que el oro en el descubrimiento de América. Les transferimos a unos señores de Arabia Saudí que les cuesta 7 dólares extraer cada barril y se lo llegamos a pagar por encima de los 100 dólares. No ha habido ningún fenómeno económico que se le parezca”.
Ese nuevo mundo en el que el petróleo ya no mande en la geopolítica plantea un nuevo escenario de relaciones internacionales. Los expertos están trabajando en cómo van a ser esos futuros flujos internacionales de renovables. ¿Importaremos hidroeléctrica de Noruega o eólica de Marruecos? “Los hidrocarburos no van a desaparecer de la noche a la mañana como eje geopolítica”, sostiene Escribano. “Lo que aparecerá es un puzzle con nuevos actores”.

¿Y qué pasa con el presidente Trump? Es el factor más impredecible de todos, que hablando del precio del petróleo ya es decir. Acaba de nombrar secretario de Estado a Rex Tillerson, ex jefe de la petrolera ExxonMobil, que ha hecho toda su carrera en la industria petrolífera y carece de experiencia en el mundo diplomático.

Algunos movimientos ecologistas denuncian que el apoyo a los combustibles fósiles de la nueva Administración norteamericana, que no oculta su negacionismo al cambio climático, podría retrasar el cumplimiento de los objetivos de París.

Otros conservan el optimismo. “La lucha contra el cambio climático ya está en el piloto automático”, afirma Nikhil Seth, director ejecutivo del Instituto de las Naciones Unidas para la Formación y la Investigación (UNITAR). “No se puede frenar la revolución tecnológica que está empujando el mundo y esa tecnología no pasa ya por los combustibles fósiles”.
Sin embargo, hasta que el declive del consumo de crudo sea un hecho aún pueden pasar muchas cosas. Y el factor Trump no se puede subestimar en un mundo aún adicto al petróleo como el actual. El precio del barril sigue marcándose en dólares y está estrechamente ligado a la política estadounidense.

“En los próximos años EEUU podría ser autosuficiente en materia energética y esto cambia el mundo tal y como lo hemos conocido”, afirma Mike Rosenberg, profesor de Dirección Estratégica en IESE. “Surgen muchas incógnitas: ¿Dónde va a vender Venezuela y México su petróleo? ¿Va a seguir EEUU manteniendo la Quinta Flota en Bahrein? Es muy posible imaginar a Trump desvinculándose del mantenimiento de la estabilidad en la región. Esto podría producir una guerra entre Arabia Saudí e Irán”. Y añade el experto en geopolítica: “Un Oriente Medio en llamas afectaría al precio del petróleo global, porque el resto del mundo todavía lo necesita. Mientras Trump esté en la Casa Blanca, no podemos olvidar que no mide los riesgos y es imprevisible”.

En las nuevas distopías, en vez de peleas por la gasolina como en Mad Max, puede que sea el control de los paneles solares lo que preocupe a los bandidos de la carretera del futuro. Aunque en realidad, lo más preocupante de aquella película es que nunca deja claro qué le pasó al planeta para dejar el mundo patas arriba. No especifica la ficción quién era el presidente de Estados Unidos antes del apocalipsis.

Fuente: www.elidependiente.com